Diálogos (interiores)

– Hola, buenos días, ¿puedo ayudaros?

– Emmmm… no… solo estamos mir…

– ¡Si! – mierda…ya estamos. No queremos nada, no quiero nada, y ella, ¡hala! Seguro que solo lo hace por joderme… – estabamos buscando una americana de verano – que sonrisita, hija de puta…

– Ah, muy bien. Tenemos, por ejemplo, esta de aquí de cuadritos – de julai… justo todo lo contrario, en todo caso, pero... – que la tenemos en varios colores ¿qué te parece?

– Mmmm… esto… bueno…

– Puedes probártela aquí mismo, cariño, – asquerosa zorra tramposa – no hace falta que vayas al vestidor ¿no? – otra vez esa sonrisita de guasona pendenciera.

– Claro, claro, aquí mismo hay un espejo.

– Ya bueno, pero… – pero?? cómo me ha puesto tan rápido la chaqueta?? dejadme en paz!! – no sé.. me tira… un poco y, no sé… el esto, el… color, no..

– La tenemos en rojo y verde aquí, y en caqui y en beige en el almacén – ¿pero que dice? ¡El caqui es una fruta! No un puto color…

-Ahhh, pues… oye, el caqui seguro que te queda bien! ¡Pruébatelo!

– ¿Caqui? ¿En serio? Si eso no es un co…

– ¡Calla! ¿Puedes sacarla en caqui? Y además, igual una talla más mejor, que esta parece que le tira – Puta. Puta. Puta

– Claro, sin problema, un momentito – ojalá se escoñe bajando las putas escaleras, cerdo asqueroso– que voy al almacén.

– ¡Ja, ja, ja! ¡Qué mono estás refunfuñón! Vamos, escapemos ahora y me invitas a una cerveza, ¡tontín!

– Una cerveza? Eres mala hasta la médula… ¡Corre! Pero invitas tú, por cabrona.

– Bah! ¡Ni de coña! En todo caso, en llegar a casa, si quieres, te compenso… si quieres, tampoco te obligo – hay que ver cómo me pone cuando actúa así… ni cerveza ni mierdas…

– ¡Vamos a casa ya! ¡Te vas a enterar!

A. I. M.