¿Quién es ese?

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(Imagen: flickr.com/photos/adrien-mogenet/5158297257/in/photostream/)

Me encuentro arrodillado, apoyado en el váter. Pantalones cortos y sin camiseta. Deben de ser las cuatro o cinco de la madrugada. Estoy sudando y tengo frío. Me siento embotado, o eso creo. Tengo dos dedos metidos en la boca, hasta la campanilla. Son míos, de mi mano derecha. ¿Cómo he llegado aquí? Vale, estoy en el baño, eso creo que lo tengo claro. Pero, repito, ¿cómo he llegado aquí? Sigo con los dedos en mi boca, el tiempo no corre. Estaba en la cama y me desperté repentinamente. Empapado en sudor y mareado. Sé que estaba blanco. Descolocado y tratando de averiguar en qué jodida ciudad estaba. Estaba en un hotel y estaba solo, eso lo sabía con total certeza. Siempre es lo mismo.

-¡Hey! Te he despertado yo… Creo que deberías ir al baño.

Era mi estómago, siempre tan considerado conmigo. Así que el resto de mi cuerpo, lo que rodea al estómago y lo mueve de sitio en sitio buscando comida y alcohol, empezó a moverse dirección al baño. Me he quitado la camiseta y me he secado la cara. He cogido las gafas de la mesita y me las he puesto. Entonces me he dirigido al baño. Me he quitado las gafas, las he cerrado con cuidado e introducido en la funda, que estaba dentro de la bolsa de aseo. Entonces me he lavado la cara, me he secado con la toalla, me he arrodillado en el váter y me he metido dos dedos en la boca. Hasta la campanilla. Así ha sucedido.

Ahora estoy algo desconcertado, no tanto por estar arrodillado en el váter de un hotel en aún no recuerdo que ciudad, sino más por el hecho de no entender el absurdo y concienzudo comportamiento que he tenido cuando lo único que quería era vomitar.

Ya viene, me arde el cuerpo. Me arde el estómago y me duelen los ojos, la frente, la cara y el cuello. No sé qué estoy vomitando pero estoy teniendo una mierda de experiencia extracorpórea de esas, o como se llamen. Me veo desde fuera de mí, me veo vomitando. Preferiría que fuera como en la tele y verme desde arriba, nos desde dentro del váter… Supongo que siempre hay puntos de vista. Veo como viene sobre mi un chorro de vómito como si de una cascada de mierda se tratara. Algo sádico, la verdad, ¿por qué coño no podía verme desde el techo como todo el maldito mundo? Me caen trozos grandes y pequeños, marrón y verde, viscoso. Es una sensación muy extraña porque me siento bien, cada vez mejor, al menos mi cuerpo lo hace; pero yo, desde este ángulo, lo estoy pasando fatal. Además, mi cuerpo ha tenido el bonito detalle de ser extremadamente preciso y todo ha caído sobre mí. Gracias.

Una vez pasado, vuelvo a mi cuerpo y, ya los dos juntos, nos levantamos y tiramos de la cadena. Con un poco de papel limpio el borde del váter, aunque realmente no ha caído nada fuera. Lanzo el papel y tiro de la cadena. Me lavo la cara y me seco el cuerpo. Sólo llevo sudor, nada de vómito. Busco el cepillo de dientes, le añado un poco de pasta, de esa líquida de Licor del Polo. Después de mojar el cepillo y me lavo los dientes. Me quema la garganta. Me arde. Es como si me hubieran encendido un soplete en la boca. También me noto la cara hinchada, palpitante. Me duelen los ojos, como si quisieran escaparse de mi cabeza. Pero me encuentro bien.

Entonces le he visto, al tipo del espejo. Ni siquiera me he asustado. ¿Cómo ha llegado aquí? ¿Quién coño es? Me resulta extrañamente familiar. Lo miro fijamente, apoyándome en el lavabo con las dos manos. Es un tipo grotesco, horrible, pero no puedo parar de mirarlo. No dice nada, tan sólo está ahí, apartando la mirada. Tiene los ojos hinchados, la boca sucia y está totalmente desnudo. Su cuerpo está dividido en fofos trozos rojos y blancos. Sigue ahí sin mirarme. Ahora llora, solloza como un fracasado.

Bueno, me voy a la cama, y me voy tranquilo. Estoy seguro que ese desgraciado no me va a molestar. No creo que ni sepa salir del espejo.

A. I. M.