Estereotipos con hielo (del tiempo)

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       – Un café con hielo, por favor.

Parece un deseo sencillo de satisfacer, ¿no? Y más si estás en una cafetería…Pero nada es sencillo y menos con café de por medio. Todos sabemos (aunque no sepamos que lo sabemos) que el café y el alma de un pueblo están muy unidos, al menos aquí, en la mediterránea (y no tanto) Europa. La forma de pedirlo, de servirlo, de beberlo… Todo está unido al alma del pueblo.

        – Ehmm, ché… ¿café del tiempo?

        – No, no, a cuarenta grados centígrados y al 90 % de humedad, no, café normal, con hielo, por favor.

        – ¡Ché! ¡Aquí “se diu” así!

        – Ah, vale, disculpe, pues eso entonces… un café del tiempo.

Al principio y, puede que luego también, uno se mosquea, ¡confiesa!. Has dado una descripción exacta de lo que quieres : café con hielo, café + hielo = café con hielo. Pero parece que has dicho una tontería y hasta te corrigen y… a algunos, honestamente, nos repatea que nos corrigan (¡chitón!). Pero después, mientras esperas tu “café del tiempo” y las gotas de sudor chorrean por cada esquina de tu cuerpo, entonces, pillas la ironía. Tiene que ser eso: ironía (o sarcasmo, que siempre los confundo). ¡Vaya pueblo!

Y es cuando, interrumpiendo tus sagaces pensamientos, llega el camarero. El camarero con una bandeja. La bandeja con una taza y un vaso. La taza con un café solo. Y el vaso con un cubito de hielo (sólo uno, y pequeñito) y… ¡un trozo de limón!

        – Oiga, disculpe, pero… leha-caí-doun-ga-jo-de-li-món-enmiva-so, ¿no?

        – ¡Ché! – otra vez – ¿pero no querías un café del tiempo?

        – Bue-no yo… – ni terminas de decirlo pues no tiene mucho sentido hablar con una espalda que, enojada por tu ignorancia de sus universales idiosincrasias y por tus ganas de fastidiar, se esconde tras la barra.

Como he dicho: el alma de un pueblo.

A. I. M.

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