La mirada del lujurioso

[…] Erré por varios salones más o menos concurridos, exultante de cintura para abajo, pero preocupado de cintura para arriba; eso era consecuencia de que la mirada del lujurioso siempre está triste: la lujuria nunca está segura – aunque la víctima aterciopelada esté encerrada en tu propio calabozo – de que algún demonio rival o un dios influyente no estorbe en el triunfo preparado. En términos corrientes, necesitaba un trago […]

Nabokov, Lolita