Venganza

tumblr_mvco1jud6o1qfbon7o1_500Nuestro protagonista llegó a casa tras una duro día de trabajo:era jueves, y los jueves siempre se pasaba por la oficina y recibía ahí a  las chicas nuevas que le traía el “señor” V.  Tres estaban en la edad para el  negocio, las otras ya pasaban de los diecisiete. Se quedó con las jovencitas y las otras se las regaló a V. por su lealtad. Pero V. no las aceptó sin más, pues poseía un extraño sentido del honor. Al final, por no discutir, las violaron a las dos entre los dos ahí mismo y luego las despacharon. V. siempre era así de cordial con B.

El tema es que B. venía cansado. Llevaba todo el camino de vuelta pensando en su mujer, Daniela. Hacía unos días que no le hacía mucho caso, y desde  la última vez que la dejó en casa sin quitarle las esposas, no había quien la aguantara.

Y es que B. no soportaba el carácter de Daniela después de tenerla un día o dos esposada: siempre se volvía absurdamente arisca y distante con él. B. no terminaba de entenderlo: ¿qué derecho ella tenía para ponerse así? ¡Hasta le entraban ganas de no esposarla más! El caso es que B. llegó a casa, con ganas de  ver a Daniela y suficientemente cansado como para no ir predispuesto a azotarla, al fin y al cabo, era casi viernes, estaba contento y ya había zurrado, de lo lindo, a un par.

Pero una vez entró en casa, oyó un ruido raro y hasta creyó percibir un olor extraño. ¡Había un hombre en casa! No había duda,B. tenía olfato de sabueso, o eso creía él, y no tardó en convencerse de que había otro hombre en casa. Se deslizó por el pasillo hasta dónde se hallaba, supuestamente, el intruso, que casualmente era el cuarto de Daniela. La sangre de B brotaba de su corazón en espasmos brutales e incontenidos , el sudor regó su frente y su cuello, sus brazos se tensaron y sus dientes hicieron crujir su cráneo. Todo el cuerpo de B. estaba crispado y estático, como bloqueado… había un hombre con Daniela, en su cuarto ¿cómo? Era imposible que ella le traicionara, él “sabía” que ella estaba loca por él. Para nuestro protagonista, paralizado por el pánico, estaba clarísimo lo que pasaba: alguien había ordenado violar a Daniela. Alguno de sus competidores, alguien que no soportaba su éxito y su fortuna había decidido destrozar su honor de la peor forma posible: ridiculizándole. B. no estaba preparado para una situación así, nunca nadie, desde su adolescencia, le había humillado de esta manera. Entraría ahí y la mataría, por hacerle eso, pues en la mente de B. la culpa era de ella: ella le había manejado para debilitarlo, para crearle un punto débil; ella iba a dejarse violar para matarlo de la vergüenza. Luego se ocuparía del invasor, o ya mandaría a V. a por él, pero de ella se encargaría él: le haría sufrir igual que ella le había hecho sufrir a él: le arrancaría lentamente el corazón y las entrañas, para que sintiera en sus carnes lo que él estaba sufriendo en su alma.

No iba a esperar un segundo más, entró en el cuarto decidido a vengarse, pero su parálisis se convirtió en una serie de sacudidas y temblores que convirtieron su vengativa entrada en un tropiezo ridículo, el último de su vida: se trampeó él solo con sus pies y, pisando una sábana descuidada en el suelo, resbaló, perdió el control de sus piernas que salieron disparadas hacia delante arrastrando el resto de su cuerpo hacia las alturas y la totalidad de su masa quedó a merced de la gravedad ( que en ese momento le pareció otra puta que le había perdido el respeto…). La gravedad no tuvo un ápice de piedad con él, le arrastró violentamente contra el suelo, ejerciendo sobre él la misma aceleración que hubiera ejercido sobre cualquier otro, y le hizo golpear la cabeza contra el pie de mármol de la cómoda Luis nosecuántos que había mandado comprar hacía un par de semanas. Quedó de bruces en el suelo, observando en el espejo del techo como se enturbiaba y nublaba su reflejo y la mancha de sangre que desbordaba bajo su cabeza.

Al otro lado del mismo espejo, estaba Daniela, sin violador que la acompañara, pero B. no la vio. Estaba sola y el olor se debía a que se hallaba, excepto por un último aliento, tan solo en cuerpo presente, pues llevaba en la cama 40 horas, embutida en un traje de plástico negro, (efectivamente B. había olvidado desatarla, y esta vez, la había encadenado al cabezal), que asfixiaba su cuerpo cubierto al completo, excepto en los ojos, la boca y un par de orificios más que no eran los oídos… Es cierto que, antes de desmayarse por decimoquinta vez, había pasado parte del tiempo pensando planes de venganza contra él pero, como narrador, faltaría a la verdad si dijera que en alguno de ellos ella se dejaba violar alegremente para hundir en la miseria a nuestro pobre protagonista.  Ella, se lo reconocemos, no fue tan cruel: había pensado más en un divorcio express, algo que involucrara venenos, hachas, sables, escopetas, cuerdas, más venenos, ataques de animales, pistolas de clavos, tornillos en la comida, electrocución en la piscina… pero nada de humillaciones gratuitas. Sea como fuere, al final, en el último suspiro, Daniela, que presenció a través del espejo la entrada triunfal de su amadísimo esposo sediento de venganza, grabó una sonrisa en su rostro, mostrando así una gran satisfacción por su efímera y recién estrenado soltería.

A.I.M

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