Sí hombre

– “¡Péinate! ¿no?”

Así, con toda la desfachatez del mundo. Que me peine. Que me pei-ne. Claro, como si fuera tan fácil. Vale, es fácil. Pero como si fuera tan trivial. Uno se peina, fácil, vale, y luego: ¿qué? Pues que el cerebro se te desrirriga y del colocón que te da empiezas a regatear hasta con los lateros que te venden cerveza por la noche. ¿Y de ahí? De ahí  al descontrol: al creerse impune e inmune. Y finalmente, un día, te ves con una corbata al cuello, madrugando y, por las tardes, violando chinas  de 13 años.

Que no y que no. Que no me peino, !coño!

A, Irles M.