Los Santos Inocentes

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Jesús iba muy a menudo al monte de los Olivos a hablar con su Padre, es decir con Él. A pesar de la creencia popular, no se arrodillaba ni alzaba los brazos, ni siquiera levantaba la voz. Probablemente, si la situación se repitiera hoy día, simplemente veríamos a un barbudo con gafas de pasta sentado en algún banco deslizando el dedo en la pantalla de su teléfono para bloquearla y desbloquearla, en un movimiento mecánico y algo obsesivo pero nada inusual. Pero no nos engañemos, Jesús no era normal, ¡coño! era él, Él y la puta Paloma a la vez: no tendría ni tenía que escribirle, ni llamarle, ni enviarle whatsapps… Papá era él. Y Él hablaba todas las lenguas a la vez, y era, y es, todos los instantes, todos los momentos, todas las personas, todas las cosas y todos los lugares. Pero aun así, es “bien sabido” que Jesús iba a menudo al monte de los Olivos dónde, quizás, se sentía  un poco más lejos del bullicio y de las infinitas voces que le lloraban, le rogaban y le maldecían desde todos los lugares e instantes  del Universo.

Iba ahí para intentar entender por qué: por qué lo hizo.Por qué mandó aquel día a aquel ángel para avisar a su padrastro y a su, aún virgen, Madre de la matanza que se iba a perpetrar. Quería entender por qué dejó que Herodes asesinara a todos esos niños y se avisó a si mismo para huir. Él era Todo, lo sabía Todo: antes de bajar a la Tierra ya había descendido millones de veces, pues en él el Universo y su historia vivían y morían cada segundo. ¿Cómo pudo, aún así, traicionarles? ¿Cómo podía haber aguantado ese dolor tantas veces? Cada día, cada segundo, le atenazaba en el recuerdo: Él era Herodes dando la orden, era cada soldado temeroso y cada soldado afanoso, cada mujer y hombre del pueblo, él era el ángel que avisó a su padrastro y él era su padrastro; él era Él y él y nosotros; era las dos sohombre-del-sacombras y el bulto que se escabullían entre esquinas oscuras, que aguantaba la respiración cada vez que se oía un tintinear de armaduras metálicas que corrían de un lado para otro; era la madre que tapaba los oídos al Niño que sobreviviría para que no escuchara los gritos que, sin embargo, no podría dejar de escuchar nunca; era el soldado cobarde que moría acuchillado por sus compañeros; era aquellos que mataban a sus compañeros; era el aún más cobarde soldado que de un espadazo certero arrancaba la cabeza de una niña; era la madre valiente que moría ensartada por la misma lanza que ensartaba a su hijo cubierto bajo su cuerpo; era el padre que corría despavorido; era la hermana que entregaba a su hermano a la muerte; era el soldado que lloraba y se limpiaba las lágrimas con la falda de una madre degollada junto a su hijo igualmente mutilado; era Él, alegre por sobrevivir, era su Padre, que lo permitía, era la Paloma que arrullaba en todos los idiomas; y, aunque pequeño, era un hombre que ya conocía el rencor, la duda, el miedo, el odio… ; él era Humano y por eso, cuando su Padre le preguntaba ¿qué te pasa, Hijo Mio, qué te aflige?, contestaba:

–  Nada Padre. No lo entenderías…

A. I. M.

Entonces comprendió Jesús que vino traído al engaño como se lleva al cordero al sacrificio, que su vida fue trazada desde el principio de los principios para morir así, y, trayéndole la memoria el río de sangre y de sufrimiento que de su lado nacerá e inundará la tierra, clamó al cielo abierto donde Dios sonreía, Hombres, perdonadle, porque él no sabe lo que hizo.

El Evangelio Según Jesucristo

J. Saramago

Imágenes cogidas prestada de

1) http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Kerald_%28Meister_des_Codex_Egberti%29_001.jpg

2) http://www.diariodeavisos.com/2012/01/el-hombre-del-saco/

9 comentarios en “Los Santos Inocentes

  1. ¡Muy bueno! Las mejores críticas al pensamiento religioso no son tanto las que niegan su veracidad como las que señalan su inmoralidad.
    Puto dios y su afición al sacrificio humano. Para ser un dios de amor parece que le complace demasiado ver sufrir y mortificar a sus fieles.

    Le gusta a 1 persona

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