Nacido para sumiso… o no.

(imagen: http://losmundosdei.wordpress.com)

 

collar-femdom-fetish-heels-sahibe-shoes-favim-com-109225_large

 

 

– Pasa cariño.

Intenté decirle algo, “hola”, pensé, pero no me atreví, supongo que no vendría a cuento: “hola” es demasiado natural, como si estuviéramos en una cafetería y nos encontráramos de casualidad, después del trabajo; “hola” habría tenido sentido si ella no llevara un vestido negro de látex, entallado en cada centímetro de su cuerpo como si fuera una segunda piel, desde sus blancos y generosos pechos hasta sus muslos, ligeramente separados; “hola” habría estado acorde a la situación si desde sus tetas no me amenazaran unos pinchos plateados tan peligrosos como atrayentes; “hola” habría sido la opción natural si sus zapatos rojos no fueran tan afilados y calientes como sus labios; “hola” podría habérselo dicho si la vara negra que hacía bailar frente a mis ojos no me hubiera paralizado; “hola” sería lo que habría salido de mi boca si los nervios y la terrible erección que tenía no me hubieran nublado el raciocinio.

– Ehm… – o algo parecido, dije.

– Eres tímido, ¿eh? ¡qué mono! Supongo que eres A., ¿no? ¿qué? ¿te gustan, eh? – me dijo guiñándome un ojo y utilizando la vara horizontalmente bajos sus pechos, los levantó hasta que la más larga de las púas que salían de su vestido le quedó al alcance de la lengua y la lamió – así que quieres ser mi esclavo durante un ratito, ¿eh?

– Ehm sí… pero… bueno… yo… nunca… antes… el dinero no es problema pero…

– Tranquilo, A., yo soy muy buena ama, experta en casos como el tuyo. Iremos a tu ritmo y lo disfrutarás. Ven, vamos al sofá y te explico. Pero deja de temblar… que me mojo enterita de verte así de asustado, y aun no es el momento, cariño.

Antes de acabar, mientras decía “enterita” dejó de mirarme a los ojos y su mirada recorrió mi cuerpo, siguiendo el camino que la punta de su vara negra hacía en mi silueta, hasta la base de mi nerviosismo, donde se clavó con insistencia….

– Ay… – dije pegando un saltito tonto.

– Ven, A. Vamos al sofá.

Y me agarró de la hebilla de mi correa y yo me dejé arrastrar hasta el interior del piso. Tropezando con mis propios pies y sufriendo de placer en cada paso, pues su vara no se había separado de mi entrepierna. Entonces llegamos al sofá, gris o negro o azul no lo recuerdo, pero enorme, como si fuera una tetris de sillones y sofás que conformaban un enorme picadero, con cojines por todos lados y olor a incienso en cada esquina. Me fui a sentar, tembloroso y con el pensamiento tartamudeando en mi cabeza.

– ¿¡ QUIÉN TE HA DICHO QUE TE SIENTES !? ¡BASURA INDIGNA! ¡AL SUELO! ¡DE RODILLAS!

¡Chas! ¡chas!, dos golpes de vara golpearon el cojín con forma de corazón y estampado de leopardo que tenía a mi lado y, sin saber cómo, me caí al suelo. Mi polla no supo como reaccionar , no sabía si envararse más o abandonar el salón aunque fuera dejándome a mi ahí. Me tiré al suelo de rodillas y me agazapé buscando evitar algún cercano varazo y recé en silencio para que mi tieso y asustado amigo no me abandonara en ese momento tan tenso.

– Jajajajajaj, chico, que es broma – la perturbada reía a carcajada limpia, con la vara aun en la manos y con la cabeza hacía atrás, para poder coger aire pues se descojonaba a pulmón abierto – jajaja es la primera que lo hago y no pensaba que …. jajajajaja – se agarraba el pecho con los antebrazos para ayudarse a reír – y… ¡ay! que me pincho con las púas jajajaj, venga, venga… ay… que me haces llorar y todo A.

Yo no me moví del suelo, y buscaba con la mirada las posibles salidas: la ventana parecía dar a un patio interior. La loca estaba justo taponándome la otra vía de escape, el pasillo por el que habíamos entrado. Y detrás mía, había otro pasillo… puede que fuera mi única salida, pero puede que dentro estuviera mi final: ¿y si había más como ella?

– Me has hecho reír, perdona, no pensaba que te lo fueras a tomar así – ya parecía haberse recuperado y su voz tenía un tono extrañamente dulce y sereno – ¿estás bien, cariño?

No me atreví a contestarle.

– Tengo que decirte… que me he reído mucho… pero me has mojado más todavía, nos lo vamos a pasar bien, cariño. Pero ven, perdona, siéntate aquí y te explico como funciona, no te asustes. En esto no se hace nada que tú no quieras. Ven, ven… ya me dijiste por teléfono que eras totalmente novato, tranquilízate.

Pero yo no estaba tranquilo. Estaba todo lo contrario de tranquilo. Y además, me preguntaba a mi mismo… ¿estoy cachondo? ¿o acojonado? No estaba seguro.

– Mira – y se abrió de piernas frente a mi, enseñándome una intimidad totalmente desnuda y depilada, de labios finos y sonrosados – ¿ves lo húmeda que me has puesto? – y se acercó la vara, en vertical como su sexo, y se acarició con ella, arriba y abajo suavemente – mmmm mira como me has puesto, ven, acércate.

El vestido de látex se deslizaba poco a poco hacia arriba, descubriendo sus curvas. Y yo, claro que me quería acercar, pero no con la vara ahí en medio, amenazándome.

– Ehmm pero… no deberíamos hablar de… no sé… dijiste que antes me lo explicabas todo y tal y… bueno, eso, ya decidíamos… no sé si…

Y como una gata, se levantó de un salto, me agarró del pelo y aplastó mi cara contra su entrepierna

– ¡Huele! Huele, sumisito, huele cómo me pongo al mandar.

– Arff mmmmggggg – no podía respirar, le conseguí agarrar de los muslos y traté de zafarme, pero sus piernas me rodearon el cuello y sus dedos tiraban de mi pelo con fuerza hacia ella – mmmggg

– Shhh tranquilo, relájate y huele…  y mientras te explico – hablaba con una calma aterradora, pues con el resto de su cuerpo hacía una fuerza increíble, que no me dejaba apenas moverme – shhh tranquilo, respira por la boca y huele por la nariz, tranquilo – y empecé a ceder, no sé si embriagado, cansado, aterrorizado, caliente o… todas a la vez. – mira, pues te explico, la tarifa habitual son…

Y estuvo así hablando, durante cinco minutos, con mis sentido sobrepasados, saturados, con mis rodillas doloridas y mi cuello casi esguinzado bajo el abrazo de sus piernas. Me quería ir, pero mi mente y mi cuerpo no se comunicaban. Y ella hablaba, de varas, de esposas, de spanking, de azotes, de trajes de látex, de mordazas, de esclavos y de amas, de máscaras, hablaba de bastones y de látigos, hablaba de enviarme al rincón y de dejarme el culo rojo, hablaba de soft y hard, de siglas raras,  hablaba hasta del Marqués de Sade y de sus seguidores, hablaba de Justine, hablaba de la supremacía de la mujer sobre el hombre, hablaba … hablaba y hablaba.

– Mmmm  – cada dos o tres frases gemía y se retorcía contra mi cara y me preguntaba – ¿entiendes?

– Agmppfff – le respondía ahogado.

Y en un momento dado, paró de hablar y liberó la presión sobre mi cuello, sus piernas se desenrollaron y las dejó abiertas, acarició mi pelo y me volvió a preguntar…

– ¿Entiendes? – mientras sus dedos jugaban con mi pelo,

Yo no había entendido nada de lo que me había dicho. Saqué mi nariz de su coño y acerqué mi boca, lo besé con ansia, me hundí en ella y sus músculos se contrajeron, la oí gemir y me abalancé todavía más sobre su sexo pero, entonces, sus tacones se clavaron en mis hombros y me empujaron con fuerza hacia atrás.

– No has entendido nada… – dijo con voz entrecortada, tumbada sobre el sofá y con las rodillas juntas… – Vete. Si quieres un polvo, este no es el lugar.

– Pe…  pero… – balbuceé desde el suelo

– Mira, – respiraba con dificultad-  … estoy trabajando, ¿entiendes? Yo soy ama, misstres, soy una diosa del cuero, yo azoto, ato, muerdo y torturo… yo aplasto cojones, paseo hombres poderosos, ministros, jueces… con una correa, les hincho los huevos hasta que se corren solo de sentir el roce de los pantalones, y luego les hago lamer los restos, les meo encima y les electrocuto los pezones… ¿quieres follar? Encuéntrame en un bar, después de trabajar, o antes, y me follas si puedes.

– No quiero que me aplastes los cojones… – dije levantándome poco a poco- ni casi nada de lo que has dicho…

– No, no quieres. Vete. Y no me llames más a este teléfono.

– Pero… – me envalentoné – si estabas disfruta…

– ¡Fuera! ¡¡FUERA!!

Y salí disparado de ahí. Estaba dolorido, desconcertado y humillado… Y además, ¿en un bar? ¿en cuál?

(continuará?)

A. Irles

 

 

21 comentarios en “Nacido para sumiso… o no.

  1. Excelente texto!!! Ágil y cercano, además de tantos otros adjetivos q se me ocurren… Lo he disfrutado de principio a fin y me he reído todo el rato.:)
    Amigo, creo que acabas de inaugurar el sub-sub-género literario del relato erótico-humorístico!

    Le gusta a 2 personas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s