Baile de Máscaras (parte III)

(continuación de https://otraresacamas.com/2014/07/24/baile-de-mascaras-parte-ii/)

Tercera parte del relato: Baile de Máscaras.

Sin más palabras, ella se separó de él y le agarró de la mano. Se deslizaron camino del baño. Desde la barra, el chico vestido de Jake el perro, los miraba. Dejó la cerveza en la barra y dio dos pasos hacia el baño. Se paró y volvió sobre sus pisadas. Agarró la cerveza otra vez y pegó un trago vació. La miró con fuerza, magullando la etiqueta con la mirada y se giró hacia la camarera vestida de conejita de playboy. Golpeó la base de la cerveza contra la barra y le gritó a la camarera, que lo miraba con distancia, que quería otra. Se la trajó y la dejó sobre la barra.

– Son cuatro euros.

– ¿Te obligan a vestir como una puta? ¿O es que sois todas así? – le dijo agarrando la cerveza y pasándole un billete de diez euros arrugado.tumblr_n15r3gzqxi1rtl1qlo1_1280

Ella le había escuchado igual que escucha perfectamente a la gran mayoría de borrachos que atiende. Se fue a la caja con el billete, lo metió y sacó los seis euros del cambio en las monedas más pequeñas que pudo.

– ¿Te importa que te lo dé así, cariño? – le guiñó un ojo mientras desparramaba las monedas sobre la barra pringosa – uy… lo siento.

Él recogió todas las monedas mirándola irse hacia otro cliente. Las guardó todas en el bolsillo de los vaqueros que llevaba bajo el disfraz de Jake y apoyó el codo en la barra, mirando de nuevo hacia los baños.

***

En los baños, ellos hacían cola y el tiempo parecía parado. Alrededor de ella, todo pasaba despacio como si cada imagen fuera un recuerdo frío que subía por sus pies hasta que se hacía realidad en su cabeza. Él la atrajo para sí, de espaldas, y le besó los hombros mientras la apretaba su paquete contra ella y rozaba sus muslos con suavidad. Ella se dejaba. Sentía sus labios sobre su cuello y enredaba los dedos de él entre los suyos. Todos los demás eran maniquíes, figuras de cera que oscilaban entre la verdad y la mentira. Él la empujó hacia dentro y ella flotó arrastrando los pies.

– Vamos a este -y empujó la puerta.

Spiderman, con la mascara de tela subida hasta la frente y las mallas por los tobillos les gritó apretando los dientes.

– ¡Estoy cagando, cabrones!

Él empezó a reírse y ella lo hizo un segundo después.

– Enjoy! – dijo ella acercándose y dándole un beso en la frente.

– Tranqui, vamos a otro – dijo él agarrándola de la cintura y entrando en el baño del al lado de dónde salía otro spiderman sin máscara y que se frotaba las aletas de la nariz con su pulgar e índice.

– ¡Tía! ¡dame tu teléfono! ¡me acabo de enamorar! ¡te amo! y no es porqué esté cagando y me haya puesto sensible… ¿hola? ¡dame tu facebook al menos!

Pero ellos ya no escuchaban a su vecino de baño. Habían cerrado la puerta con prisa y él la atrapó contra la puerta mientras metía su lengua en su boca y la devoraba con ansía. Su cuerpo la asediaba y sus manos la rodeaban.

– Solo íbamos a… – decía agarrándole de la camisa.

– No te quites la máscara.

– Vale, ni tú.

Su falda subía con cada mordisco. Sus bragas bajaban al ritmo que sus labios peleaban.

– ¿Estás bien?

– Estoy ida… tengo la boca seca – su boca parecía rígida cuando no estaba saboreando la lengua de él – y él está fuera y…

La puso de espaldas y terminó de bajarle las bragas.

– Te lo has metido muy rápido, te lo dije… toma, espera un segundo.

Mientras ella estaba apoyada contra la puerta con la cabeza apoyada sobre el dorso de su mano derecha suspiraba con las caricias que su mano izquierda hacían sobre su abdomen. Él sacó un tubito de plástico y su tarjeta de la fnac. Vertió un poco de polvo blanco en la esquina y se lo acercó a la cara.

– Toma.

– ¿Qué es?

– Tranquila, es para animarte. Te va a hacer bien.

– ¿Me vas a follar?

– Claro. Esnifa esto.

– Vale… hacía tanto que no nos veíamos…

Snnnnnniiiffffff. Lo aspiró todo, apoyando su mano izquierda en su nalga izquierda, abriendo las piernas ligeramente. Un segundo después, ella oyó cómo el hacía lo mismo, snniiiiffff, y otro segundo después, escuchó el clinc del cinturón de él al golpear el suelo.

***

Jake se giró hacia la camarera otra vez y la llamó haciendo aspavientos. Pero ella no se acercaba. Le veía, casi subido a la barra, por el rabillo del ojo gritando:

– Conejita, conejita, un segundo. Solo una pregunta.

Y al final se acercó.

– A ver… ¡¿Qué?! – le dijo pasando un trapo por dónde el se acababa de apoyar y buscando a alguien con la mirada, más allá de la puerta.

– ¿Qué droga os moja más las bragas? ¿La coca? ¿El cristal? Quiero decir… me la comerías por una bolsa de… ¿de qué?

– Mira guapo – ella se apoyó en la barra recién limpiada, con los codos juntos y su escote sudoroso violando la mirada de Jake – ¿las quieres? ¿quieres tu pollita de maricón entre ellas? – empezó a decirle con una sonrisa tranquila y pellizcando la punta de sus orejitas de conejita – le voy a decir a mi amigo, el rubio dos por dos, el del pinganillo, el que has visto en la puerta, que cuando acabe contigo me traiga tu picha para llevármela de recuerdo y enseñársela a tu hermana mientras me la follo… ¿te parece?.

Se abrió un segundo de silencio entre ellos, como si el Universo le hubiera dado a Jake una vida extra.

– Perdona, tía… soy un gilipollas… es que mi novia y ese cabrón… mira me voy y ya no te molesto más.

Y, se fue, todo lo seguro de lo que iba a hacer que el alcohol le dejaba, hacia los baños.

– ¿Qué pasaba? – un tipo alto, rubio con corte de pelo a lo militar, con traje oscuro, pinganillo en la oreja izquierda y músculos hasta en los nudillos le preguntaba a la camarera.

– Nada, cielo, un pesado. Échale un ojo, pero parece inofensivo… – dijo señalando hacia el perro amarillo que entraba en los baños.

(continuará…)

A. Irles

Imagen: http://valeria-chorozidi.tumblr.com/post/76989874870/medusa