Música: cómo un orgasmo pero diferente.

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De pie, muy recto, con la barbilla levantada y los brazos cruzados. El abrigo, si hace frío, puesto. La mirada fija en las luces de colores, examinando sin prestar atención las baquetas golpeando a un ritmo que no entiendo, o siguiendo al guitarra ir de un lado para otro sin prestarnos atención pero sin parar de recibirla, o simplemente siendo acariciada, mi mirada, con la voz hipnótica de uno de los cantantes. Y siento envidia y regocijo. Mi corazón está recogido y mis entrañas esponjosas y suaves. Mi pie, el derecho, tamborilea el ritmo que mi cerebro no sabe entender. No sigo el ritmo, soy incapaz, pero no paro. Y siento otra vez envidia, de todos los que entienden lo que pasa o del que me dice:

– El bajo es brutal, mira, mira, ahí, ahí, ¿lo oyes?

Y yo no sé de que habla pero sus ojos reflejan lo que yo siento. Y me sonríe.

O de aquel otro que se queja:

– Vaya gallo…

Pero sonríe igual y mueve los dos pies y las caderas siguiendo el ritmo que sigo sin entender pero que domina mis pensamientos.

 

(no suelo colgar vídeos, pero hoy haré una excepción)

Una vez me dijeron que vivir un buen concierto era como un orgasmo. Me lo dijo mirándome a los ojos a mi y a un amigo (sí, a los dos a la vez) y no la creí (me despisté pensando en orgasmos y en su mirada de cristal vibrante). También me dijeron, la misma persona entre otras muchas, que me pongo muy serio en los conciertos: de pie, muy recto, con la barbilla levantada y los brazos cruzados. Ahora, siempre, cuándo estoy ahí en medio, lo pienso:

“No es como un orgasmo, es …”

Y no pienso que mejor porque sería mentir, pero no podría decir que peor porque sería engañarme. La musica empieza y los pensamientos me acorralan. La gente salta, vibra y por un momento todos somos uno que resonamos pero inmutables entes diferenciados, resonamos de mil maneras diferentes con aquellos tipos del escenario. Y siento envidia de ellos, y les doy las gracias. Por un segundo recupero la fe en todo, en los demás, en la vida y en la muerte, en el destino y la justicia, en las personas y en mi… por un momento, mi alma no carga con ninguna culpa. Miro a los lados, adelante y atrás. Veo una chica, como poseída por un sátiro bailarín y sonrío: sé que fuera de ese lugar la ignoraría, pero sonrío. Sonrío mirando a la parejita con sus juegos torpes. Alguien a mi lado repite el estribillo que yo no entiendo: también le sonrío cuando me mira con los ojos encendidos. Y sigo de pie, muy recto y con la barbilla levantada. Atento, expectante y solo, como todos.

Y no es un orgasmo, es una limpieza. Es como si  cada nota entrara en mi cuerpo arrancando las vísceras, las tripas malolientes y purgando la sangre casi negra de mi cuerpo. Solo queda esponja y calor. Paz y yo. El cosmos dentro de mi abdomen. Me expando, ocupo todo el recinto y me observo desde cada rincón. Estoy solo: ellos también. Tengo fe, en la música y en todos los que me acompañan en este viaje de una hora y pico.

Luego el vacío, la verdad y, por supuesto, el mono. Siempre el mono.

 

A. Irles

 

Imagen: http://fuck-y0u-m3.tumblr.com/post/57557252640

 

 

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Aprovecho esta entrada para plantear mi primer reto del Compromiso Bloguero de Cronicas de una Escritora. Es sencillo, os cedo mi título “Cómo un orgasmo pero diferente” y haced con él lo que queráis…

compromisobloguero