Servicio de habitaciones (IV y final)

Continuación (y final) de: “Servicio de habitaciones”

tumblr_nv8rd0sz0D1sl87kjo1_500Imagen de ‘G.I. Jane (Fill Me Up)’ 

 

Intenté levantarme pero mis muslos cedieron al peso de ella sin oponer resistencia y mis brazos cayeron muertos junto a mi, colgando como dos peleles sin amo. Traté de sacármela de encima, de gritar, de moverme, de sacudirla de mi pero apenas logré que un gruñido saliese de mi esófago. Me encontré acorralado dentro de mi cuerpo, insumiso a mis órdenes… pero veía, oía, olía: la olía a ella, olía mi sudor chorreando por la adrenalina. Respiraba, sentía… y ella reía a la vez que yo sucumbía al pánico que hacía que mi corazón se me vomitase por la garganta abierta de par en par y que mis sienes palpitasen despavoridas.

– Es un paralizante, pero no es anestésico.

Notaba su peso sobre mi, sus muslos apretando los míos, mi polla aun tiesa, dura como un cadáver, húmeda bajo su coño desnudo. Mi alma gritó por mis ojos cuándo sus uñas se clavaron en mi pecho y lo comenzaron a desgarrar con paciencia quirúrgica, desde las clavículas hasta el abdomen.

– Una, dos, tres,… – ella contaba en voz baja cada arañazo.

Como una pantera despiadada, un arañazo tras otro, susurrando la cuenta apenas moviendo los labios, torturándome hasta que mis lágrimas llegaron a mis labios

– Cuatro, cinco…

Sus ojos verdes no se separaban de mi vista ni un segundo.

– Seis…

Sin parpadear, sin dudar, sin mirarme pero atravesándome con sus pupilas igual de impasiblemente que lo hacía con uñas. Paró, no supe en ese momento en qué número, y empezó a reír como una desquiciada, como una puta esquizofrénica, como la perturbada sin corazón que era, empezó a reír desencajando sus mandíbulas frente a mis ojos, haciendo aparecer y desaparecer su lengua de zorra una y otra vez tras sus dientes y sus labios rojos. Reía y reía mientras mis lágrimas y mi saliva resbalaban por mi barbilla y mi cuello… reía y reía y yo ya no intentaba moverme. Me lamió los labios y me abofeteó hasta incendiar mi cara.

– ¿Creías que no te ibas a salir con la tuya? Una marca por cada una de ellas.

Me susurró mientras se incorporaba levemente y agarraba mi polla rígida, tan sometida a ella como el resto de mi cuerpo.

– Que desperdicio de polla.

Le supliqué con la mirada, con toda mi alma, grité y pataleé sin que saliera un sonido de mi boca o un movimiento de mis piernas. Lloré y traté de cerrar los ojos pero no pude y la vi sonreír y suspirar cuando dejó caer su peso contra mi clavándose mi carne en su interior ardiente como el infierno mismo. La muy puta empezó a moverse, cadenciosamente, hipnóticamente, hacia delante y atrás, lamiéndome de las mejillas las lágrimas que se secaban en mi cara, acelerando sus movimientos, cada vez más… empapando mi abdomen con su deseo, encharcando mis oídos con sus gemidos, asfixiándome con sus manos como garras alrededor de mi cuello. Gemía mientras me cabalgaba descontrolada, mientras se frotaba usándome como un muñeco, abofeteándome la cara, sorbiendo la sangre que caía por mi torso. Me cabalgaba con la mirada enfurecida y su cuerpo desbocado, ahogándome hasta el punto que creí, ilusionado, que me desmayaba.

Pero no me dejó hacerlo, me soltó la garganta cuando sus gemidos se empezaron a convertir en gritos y cuándo más me exprimía, me violaba, botaba sobre mí abrazando mi polla con sus entrañas, sacudiéndola, usando mi pelvis para follarse, usándome como su puto juguete hasta que me hizo derramarme dentro de ella como un cerdo, como una manguera sin dueño, me hizo vaciarme en lo más hondo de su coño cuando sus muslos empezaron a temblar sobre mi y sus dedos apretaron tanto mi garganta que sus gritos y su pelo rojo flotando frente a mi empezaron a desaparecer tras un velo negro lleno de destellos rojos. Mi conciencia desaparecía centímetro a centímetro. Dejó de moverse sobre mi y, desde lejos, como desde otro planeta, me lamió mi sentencia al oído:

– No eran solo paralizantes. También te he inyectado un cóctel de castrantes químicos. Tu último orgasmo…

Desperté, no sé cuanto tiempo después, cuándo me esposaba la oficial. Pero de eso ya hace muchos años. Ahora es tiempo de venganza.

 

A. Irles

 

 

 

 

18 comentarios en “Servicio de habitaciones (IV y final)

  1. Como ya te comenté en Twitter. Brutal. Me ha encantado todo, de principio a fin, te encuentras de todo un poco y con ese toque de erotismo y sadismo es la caña, no sabes que pasará. Wuau.
    Y como ya te he dicho, quiero saber como sigue. 😉
    Besetes, malo. :3

    Me gusta

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