No soy feminista

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Paint by Eric Zener

No soy feminista. A veces, en mis momentos más introspectivos (esos que tiene uno en el metro cuándo se emboba mirando algún cartel) pienso que amo a las mujeres más que a los hombres, que son más bondadosas, más fuertes, más capaces… Me vienen a la mente frases dilapidarias cómo: “el mundo, dentro de poco, acabará gobernado por ellas” o, incluso, “no habría guerras si nos gobernaran las mujeres” vamos que me doy cuenta que a lo mejor resulta que soy tan feminista y simple como lo puede ser Bertín Osborne. Pero no, no me engaño más allá de esos ratitos de evasión en el transporte público, no soy feminista, lo tengo claro. Tan claro cómo que no soy una mujer.

¡Insolidario! ¡Carca! Buuhhh

Lo que queráis, pero es cierto. No soy mujer y además soy heterosexual, en el sentido más clásico, pues nunca he sentido la atracción hacia ningún hombre de la misma forma que la siento hacia las mujeres. Así que nunca he sentido ninguna presión en mi vida por ser lo que soy.

De pequeño nadie me dijo que no parecía un príncipe si llegaba a casa con los pantalones llenos de barro, es más, al llegar así parecía un príncipe valiente, un guerrero… y vale que me llevaba algún capón de mi madre, pero todos los héroes sufren, a veces, injurias. Nadie me dijo que eructar en la mesa no era cosa de señoritos, pero sí que era cosa de niños traviesos. Ni me dijeron que decir palabrotas era impropio de mi sexo: era de niños malos o, simplemente, graciosos, monos, simpáticos. No me dijeron que cerrara las piernas al sentarme porque así no le iba a gustar a las princesas, ni me llamaron la atención por no hablar como se supone que habla un chico de mi edad y si me castigaban por pelearme, al final, siempre me preguntaban que quién había ganado.

No soy feminista porque de pequeño lo peor que podía hacer era ser malo, travieso… un bribonzuelo de corazón noble. Nunca nadie me dijo que los niños no hacen tal o cuál cosa, que tenía que estar guapo, que tenía que vestir como un niño mayor. Nos reíamos en casa cuándo mi abuela me pelaba las aceitunas (sí, me las pelaba) y luego reñía a mi hermana al no levantarse a por agua cuándo la jarra se vaciaba (aunque la vaciara yo mientras comía mis diminutos trocitos de aceitunas peladas).

No soy feminista porque crecí con el Rey León, Aladín que eran para chicos y la Sirenita o la Bella y la Bestia que eran para chicas, pero en todas aprendí que podía cometer errores, que podía ser feo (aunque entonces tendría que ser rico) y que todas las tías buenorras (Ariel, ay Ariel ¡qué erecci… qué recuerdos de infancia!) del mundo se matarían por mi, abandonarían a su familia, sus principios y su propio orgullo por mi. Como hombre podía conseguir cualquier cosa (y cualquier mujer) con estos ingredientes: esfuerzo, trabajo, dinero, orgullo, superación PERSONAL. ¿Cómo coño iba a ser feminista? Lo que quería era ser una horrible bestia, inconmensurablemente rica y dictatorial, y así poder destripar a todos mis enemigos a la vez que la mujer perfecta y más cañón del pueblo me la chupase y me suplicase que la desvirgase y que nos grabaramos para enviarle el video al capullo de su ex (más o menos tan idiota como yo, pero un poco más pobre).

 

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Hyper realistic paintings by Linnea Strid

 

Yo no engordaba, o al menos nadie me lo decía. Es más, me intentaban engordar para parecer más sanote. Nadie se metía con lo que leía o veía en la tele, pues lo que me gustaba, aunque fuese raro, era “de chicos”. Nunca nadie me insinuó que algún día mi piel se secaría y/o arrugaría o lo que fuese: si me daba el sol demasiado, me gritaban que tenía que cuidar mis lunares, no que la piel se me iba a cuartear y que me la tendría que hidratar cuando fuera mayor pues si no no iba a conseguir novia. “¿Vas a salir así?”, me lo podían decir, pero no por ir hecho una puta o por provocando, si no por ir feo, por reducir mis posibilidades de pillar cacho.  “¿Habrá chicas en la fiesta?” me preguntaban guiñándome un ojo.

Los anuncios de televisión, especialmente en Navidad y a partir de mi adolescencia (por cierto, ¿cuándo acaba la adolescencia esta?) no me añadían ni me añaden más presión que en mi pantalones. A veces, hambre. Sí, vale, el tipo del anuncio de la colonia tiene que ser guapo, tener barba de un par de días y todo eso pero es la tipa sirenoide la que se arrastra hacia él.

Que  mis padres me pillaran magreándome (hasta límites no aptos para ser contados en este humilde blog para todos los públicos) con una desconocida en la plaza de más tránsito de mi pueblo solo se traducía en una risa socarrona y cómplice y en una palmadita en la espalda. No quiero ni imaginar lo que habrían pensado los padres de la chiquita… ni quiero imaginar las “palmaditas” en la espalda que habría recibido. Mis colegas me decían que se parecía a la guarrilla del Bar Coyote, que que suerte que tenía de haberla magreado. Imagino que sus amigas también le dirían lo de guarra pero no lo del Bar Coyote.

Puedo ir de resaca al trabajo, que está mal, sí, pero pensarán que he pillado cacho, que soy un vividor y, excepto mi jefe que igual se mosquea (a veces ni eso, la verdad), me preguntarán envidiosos y envidiosas que si era morena o rubia. Algún compañero o compañera hasta me invitará a un café… y me contará lo desvergonzada que es tal o cuál porque la vio borracha el otro día de fiesta.

Puedo casarme en converses y nadie me diría nada, me aplaudirían y todo. Puedo, borracho, sacarme la polla en un pub y mear en la barra o en una esquina y me llamarán loco, personaje, depravado… pero nadie dirá que soy un fulano, un tío fácil, nadie asumirá que estoy ansioso por un coño o una polla, ni nadie pensará que soy más o menos propenso a vender mi cuerpo por dinero.

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Paint by Alissa Monks

 

Cuándo tenga arrugas en el contorno de los ojos y canas en el pelo, seré un madurito sexy, no una MILF. Podré tener sexo con todas las veinteañeras que quiera (que pueda, en realidad, aunque a veces parezca que ni haga falta que quieran del todo) y eso añadiría, cada vez, una estrellita a la epopeya de mi legendaria historia de madurito sexy. Sin explicaciones, con una sonrisa, un reloj nuevo y un descapotable rojo, ya tendré lo que necesito, porque esas zorritas se mojan solo con ver estas tonterías. ¿Cómo voy a ser feminista? ¿Cómo voy a ser feminista si cada día ellas se tienen que pelear entre ellas a cara de perro para, la vencedora, caer rendida a mis pies? Ellas pelean, nosotros recogemos a la vencedora. Y todo regado de cientos de euros en cosméticos, ropas, complementos ondeados como estandartes de guerra y nosotros somos el castillo a conquistar.

No soy feminista porque me ha costado días recopilar estos ejemplos y cada vez los encuentro más absurdos y naïfs… Es sólo la superficie, lo sé, pero ni de coña me atrevería a rascar más, pues sería como espiar el interior de una casa usando la parte de fuera de la mirilla.

Y es que yo puedo ser de izquierdas, de derechas, capitalista o comunista, socialista, religioso o no pero puedo cambiar de opinión fácilmente por dos simples razones:

  1. voy a morir y tendré más miedo a hacerlo en algunos momentos eso me hará replantearme mis valores y creencias
  2. hoy soy, supongo, clase media, pero puedo llegar a no serlo… puedo convertir ese miedo (o esperanza) en solidaridad o en opresión (ya depende de mi).

Mis valores sociales, mis inclinaciones políticas dependen del grado de empatía que tenga con mis congéneres. ¿Puedo ser, hombre hetero normal, totalmente empático con las mujeres? ¿Acaso entendemos algo? ¿No parece que, en cualquier lugar del mundo y bajo cualquier condición, ellas tienen dos barreras que superar? Deben superar la barrera de la vida, que es jodida allá dónde vayas, y la otra, la extra, la que yo no puedo entender y cuándo atisbo algo sobre ella, me acojono de vergüenza. No soy feminista porque, a veces, prefiero seguir siendo ciego y disfrutar de mi comodidad. No lo soy porque me da miedo pensar en lo que nos convertiríamos, los hombres (todos), si perdiéramos nuestros derechos de “machos dominantes” de la especie, o ¿acaso no es obvio nuestro comportamiento cuándo nuestro poder se ve acomplejado? Nos convertimos en matones, tristes borrachos sin dignidad, tiranos, dictadores, adictos, maltratadores… en unos animales enjaulados y acobardados.

No soy feminista porque es una causa demasiado ambiciosa que me supera  y mentiría si dijera que lo soy. Pero, aun así,  prometo que haré lo posible, que me esforzaré y si no llego… os pido que me lo recordeis. Recordádnoslo a todos, las veces que haga falta. No nos dejéis seguir siendo lo que somos ni seguir haciéndoos lo que os hacemos. Por favor. No tengáis piedad.

 

A. Irles

 

 

12 comentarios en “No soy feminista

  1. Ole tu! Comparto en facebook me ha encantado! Ayer mismo me encendía en una conversación donde varias mujeres decía “mi pareja ayuda en casa”.. el machismo de las mujeres es palpable en cada conversación, cambiará pero no tan rápido como esperamos ya que hasta el que alardea de no ser nada machista es capaz de soltarme frases como..” una mujer maltratada lo es porque es tonta y no le deja” en fin ignorancia pura.

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  2. Que buen post!, de verdad que me tienes emocionada , asumir nuestras condiciones y no imponer agendas es la mayor prueba de tolerancia y respeto. Me encanta la convicción y esa es la mejor herramienta para todas las luchas que se libren en la vida, incluso para aquellas cosas que dejamos fluir en paz. Lo mejor es que con los elementos biograficos me encotre a mi misma en mis edificaciones y reflexiones. Un beso enorme VENUS

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