Rojo Burdeos (cuarta parte y final)

continuación de Rojo Burdeos: tercera, segunda y primera parte:

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– ¿Hablas español? – pregunté sin soltar mi miembro.

Sonrió y alargó su mano hacia la mía. Sus dedos rozaron los míos y, tras unos segundos de breve lucha entre ellos, se apoderaron de mi capullo. Me sonrió, sin separar los labios, y me empujó hasta que mi espalda se encontró con el portón. Entonces entreabrió sus labios, se relamió y se agachó despacio hasta quedarse frente a mi polla. Sacó la lengua y le dio un pequeño lametazo. Apenas me la tocó pero me hizo temblar.

– Mmmm, estás goteando- susurró.

No pude decir nada. Abandoné mis brazos junto a mi cuerpo y suspiré. Ella se volvió a relamer y, con los labios cerrados, me dio un beso en la punta. Cerré los ojos  y entonces un grito de muerte atravesó la puerta. Me tensé completamente, me aparté de ella. El grito parecía no acabar nunca pero al segundo se ahogó entre un borboteo apenas audible. Volví a mirar por la cerradura y vi como la vieja tiraba el cuerpo rajado de la japonesa a un bidón enorme. Las piernas me fallaron y clavé una rodilla en el suelo.

– La ha matado. Joder. La ha matado. Tenemos que irnos. Tenemos…

La pelirroja me miraba sonriente, apoyada en la puerta.

– Sus fluidos vaginales y su sangre van a darnos un buen vino este año.

Me agarró del pelo, aplastando mi cabeza contra la puerta. Me puse a llorar. Intenté levantarme pero no me podía mover apenas. Unas hormigas empezaron a salirse de la manga del brazo con el que me sostenía la cabeza. Eran cientos de hormigas, como metálicas, que le rodearon en antebrazo  la muñeca y, al final, los dedos. Se convirtieron en un guantelete metálico que brillaba frente a mi. Entonces me soltó y antes de que pudiera siquiera verla moverse, me agarró del cuello con su brazo metálico y me empotró contra la pared. Los pies me colgaban. Me revolví pero de su brazo salieron cuatro tentáculos que inmovilizaron mis extremidades. Me ahogaba.

– Sigues duro, así me gusta.

Las hormigas de su brazo volvieron a cobrar vida y se separaron de su brazo, manteniéndome, sin embargo, crucificado a la puerta. Ella se agachó y, esta vez, no se relamió: engulló mi polla hasta la garganta.Las hormigas hacían, cada vez más presión sobre mi garganta. El techo se nublaba y ella me follaba con su boca sin parar un segundo. Sus manos, algodonosas, acariciaban mis huevos. El techo daba vueltas. Se volvía rojo y negro. Círculos negros aparecían por todos lados. Tomándolo todo. Pero ella no paraba.

Toc, toc, toc!

Toc, toc, toc!

Alguien golpeaba la puerta por el otro lado.

Toc, toc, toc!

– Hello? Hello?

Toc, toc toc!

Tocaban a la puerta. Yo estaba en el suelo del baño, con un fuerte dolor palpitando en mis sienes. Me asomé por la mirilla del portón: era un cuarto de limpieza, de apenas un metro cuadrado. Me levante temblando, llevaba los pantalones bajados y mi polla parecía una babosa dormida.

Toc, toc, toc!

– Hello?

Era la voz de la japonesa. Ya empezaba a recordar. Había entrado a mear y… resbalé. Me debí golpear la cabeza al caer.

– Yes, yes, I go – dije subiéndome los pantalones.

Abrí la puerta y se abalanzó contra mi colgándose de mi cuello.

– Are you okay? I heard the noise and… oh god, you are bleeding.

La besé en el cuello.

– Don’t worry, I am fine.

Se apartó unos centímetros de mi y me miró con ojos llorosos, sin soltar sus brazos de mi cuello.

– ¿Estás seguro? Estás sangrando.

La voz venía de detrás: era la pelirroja, que se acercaba caminando. La japonesa me soltó corriendo y se puso, roja, a mirar el suelo.

– ¿Ha… ha… hablas español? – pregunté.

No me respondió, solo acercó un dedo a mi frente y lo mojó en mi sangre. Lo miró y se lo llevó a los labios sonriendo.

FIN.

 

A. Irles

 

Ilustración de Human Chuo: https://www.instagram.com/humanchuo/