París es como la casa de tu tía abuela la rara

París es como la casa de tu tía abuela, esa que vivía a las afueras, en una apartamento de 50m^2 un bloque de edificios nuevos a las afueras de la ciudad.

– ¿Por qué vives en una casa tan pequeña?

– ¿Pequeña? Ay mi niño, no sabes nada de la vida.

– Pero tienes muchas cosas… aquí no te caben…

París es como la casa de tu tía abuela, esa que era tu tía preferida porque su marido (el tercero o así) fumaba en pipa y te enseñaba trucos de magia mientras se atusaba su tupido bigote canoso y te lanzaba círculos de humo a la cara mientras reía.

París es como la casa de tu tía abuela la que llevaba el pelo de colores y ropa extravagante que había comprado en Francia cuándo vivía allí con su anterior marido.  Ese marido murió, pero del primero se divorció, porqué en Francia el mundo era diferente, te decía. A veces, cuándo llegabas a su casa, parecía haber recibido alguna noticia muy buena y lo festejaba mientras te servía (con cinco años, sí) un poquito de anís en un vaso con agua y te contaba que era Conchita en Francia y tu no entendías porqué aquí se llamaba Paquita.

Homme parisien. 2018

La Madeleine, PAris 2018. A. Irles

París es como la casa de esa tía abuela tuya que sobrevivió al señor del bigote y que cuándo ibas a verla a veces las noticias eran buenas, a veces malas, pero siempre olían a anís. Y tabaco de pipa (aunque ya nadie lo fumase). Y olía también a una casa de 50m^2 con tantos muebles y cosas alucinantes que siempre que podías, invitabas a algún amigo o amiga para perderos juntos entre los cachivaches del salón y escuchar las historias de otro planeta que te contaba tu tía abuela.

París es como la casa esa que, cuando fuiste más mayor, entendiste que no solo olía a tabaco, o a anís, o al polvo que parasitaba los muebles. París es esa ciudad que huele a pis y a señores muy mayores que beben mucho anís.

París es como la casa tu tía abuela la conchita, la preferida.

A. Irles