Bourdeaux: pseudociencia y vino

Antes de empezar advierto: esto es un post “serio”, así que os tengo preparado otro decente aquí : un relato con pseudociencia, sexo, mucho vino, dos señoritas muy “entendidas” y un servidor.  (se publicará el día 8 de noviembre de 2017)

Dicho esto, ahí voy.

El vino biológico a veces está malo y a veces está bueno. Casi siempre es algo más caro que el no biológico y es discutible si de verdad es biológico o no. O al menos es algo que depende de la legislación de cada país. Lo que es cierto es que un buen vino ha de ser natural. Y cuánto más cariño tenga durante todas las fases de su producción, más sabroso, complejo y especial será.

En Bordeaux descubrí (descubrimos) algo nuevo para mi. El vino biodinámico. ¿En qué consiste? Pues es una estafa basada en los “principios de la biodinámica” postulados por un tal Rudolf Steiner. Consiste en mezclar conceptos de ecología con astrología cutre y catapúm: a forrarse vendiendo vino con olor a cabra mojada y sabor a lametón de perro viejo (de esos de improvisto, con toda la babilla). Una delicia, oiga. Y si no te gusta será porque la Luna pasaba por Geminis cuándo abriste la botella, so gilipollas.

Y es que en otra cosa no, pero en vender humo, los franceses son geniales.

A. Irles

 

 

 

 

23 días (homenaje a P. Auster)

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A. Irles 2017, Paris. Nikon D5300, sin retoques

23 días.

El vigésimo tercer día, al final de la vigésimo tercera página, tecleó la palabra FIN y un punto final. Se levantó, abrió la ventana y escudriñó el ventanal de enfrente. Ahora podría investigar quién le había estado observando todo este tiempo: quién le vigilaba. Veintitrés días y ni una pista: ni un movimiento ni sonido desde aquella ventana. ¿Quién sería? Alguien tan minucioso… ¿qué pretendería? Ahora, por fin, podría averiguarlo: solo tenía que calzarse, abandonar el cuarto, descorrer los cerrojos y salir al rellano; bajar cuatro pisos, cruzar veinte metros de calzada, tocar el timbre y decir “aquí estoy, baja”.

En cambio, cerró la ventana, se sentó frente a la máquina, tachó la palabra FIN y apiló la hoja sobre las veintidós anteriores; colocó la vigésimo cuarta, aun blanca, sobre el rodillo y ajustó la primera línea girándolo toscamente. Quizás podría esperar un día más…

A. Irles

 

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Créditos foto de portada: A. Irles 2017, Paris. Nikon D5300 y viejo objetivo Zenith de 55mm con diafragma abierto al máximo. Sin retoques (excepto espejado)

 

 

 

 

Rompen el cielo, no las ganas de escapar.

Os llevo a un paseo por Paris XIII, el barrio chino y de las torres blancas y exageradamente cuadradas. Tan cuadradas  y separadas entre sí que no tienen sentido pero hipnotizan, Continúa leyendo Rompen el cielo, no las ganas de escapar.

Ahora soy Nikonista

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Tokyo, jugando con las luces y la velocidad de obturación, me ha salido algo curioso. Aunque parezca algo irreal por las luces y los espectros cruzando la calle… es lo mas cercano a la realidad que podemos encontrar por las cercanías del parque Ueno.

Ahora soy nikonista acérrimo y si se me acerca un canonista o cualquier otra cosa (soy tan neófito que no sé de otros credos fotográficos)… ay!  Soy tan nikonista como madridista o católico era cuando nací y por, exactamente, las mismas razones: por casualidad. Llevaba tiempo pensando en comprarme una cámara de las buenas para alimentar algunas ansias de creatividad que el blog ya no cubría y, repito, por casualidad, cayó en mi mano una Nikon de las amateurs pero ya de las buenas. Hice tres o cuatro fotos en automático y pensé:

“¡Oh Dios! Soy el mejor fotógrafo del mundo! Tengo que comprarme una para mi…”

Y así fue, en una semana me compré una flagrante Nikon D5300 con una bolsa super chula negra y naranja y una tarjeta de memoria la mar de cuqui. Al día siguiente perdí el libro de instrucciones y, otra vez, al día siguiente me di cuenta que mi portátil no tenía lector de CDs, así que lancé el CD tutorial por la ventana. Entonces decidí comprarme un libro electrónico de “fotografía digital para gilipuertas” y… ni lo he empezado. Es que la máquina tiene tantos botoncitos… No tengo tiempo para leer, solo tengo tiempo para apretar todos los botoncitos una y otra vez y comparar las fotos antes y después de variar alguna cosa o la otra.

Así que aquí estoy, aprendiendo a usarla sin hacer caso a ninguna instrucción, a ninguna persona (porque yo ya soy el mejor fotógrafo del mundo y nadie sabe más que yo, hostia puta ya) y sin (de verdad) usar el modo automático ni una sola vez.

Y ahora en serio, la mayoría de las fotos son mierdosillas pero me hace una ilusión tremenda cada vez que consigo entender para que sirve alguna de las configuraciones de la cámara (velocidad de obturador, apertura de diafragma o el famoso ISO de los cojones, que no tiene nada que ver con el ISO de los cojones de las cámaras analógicas, ya os aviso).

Pues eso, a partir de ahora empezaré a subir fotitos para mi disfrute personal y espero que, alguna, os guste. Pero aún espero todavía más que me digáis que hago mal y que no (si hay algo que no hago mal, claro). Ya os aviso, de momento sólo se hacer fotos a cosas grandes, quietas y con mucha luz.

A. Irles

PD: No tengo ni idea de retocar imágenes, así que todas las que subo son crudas, sin retoques más allá de jugar con el brillo/balance de blancos en la propia cámara.

PD2: todas las fotos que subiré en esta sección son mías y de nadie más, por favor respetad las fuentes. Para más información:

https://otraresacamas.com/important-information/

 

Selfie en Akihabara
Selfie en Akihabara, barrio de manga, comdia rara, cables, maids, otakus, perdición y de perdidos. La foto no está muy conseguida, sobre todo por la cantidad de reflejos que vemos, pero quería que vierais mi instrumento. Me refiero a la cámara. Lo del pantalón es la cartera.

Vestidos de noche (Y. Mishima)

Último capítulo de Vestidos de noche de Yukio Mishima

(Alianza Literaria (Al), Traducción de Carlos Rubio López)


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Ilustración de Matsuura Shiori

Llegaron los cafés. Ayako observó que hasta en la simple forma en que su suegra sostenía la cucharilla con una mano tan blanca salpicada por las manchas pálidas de la vejez, había un movimiento de singular elegancia. Ayako pensó que le gustaría aprenderlo, así observándolo sumisamente. ¿Intuyó la señora este sentimiento de su nuera? Tal vez por eso se puso a hablar en un tono confesional e insólito en ella:

Continúa leyendo Vestidos de noche (Y. Mishima)

Erotismo es…

Esta entrada fue escrita para Ars Eróticas y coleccionada (aquíaquí) junto con diversas visiones sobre lo que es el erotismo para otr@s bloguer@s.
Gracias por invitarme a participar en este recopilatorio tan interesante.
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Pintura de Tyson Mcadoo
Erotismo es una línea dónde solo hay curvas,
un quizás venido a más, una caricia cancelada.

Es una nota al margen en carmesí subrayada.

Erotismo es ese detalle que te viola la rutina:
alguien mordisqueando el bolígrafo en la oficina.

Es la monotonía ignorada de reojo y a hurtadillas.

 

Erotismo es…

esos labios rojos en el gris de cada día.

A. Irles

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Vacío

Vacío es una novela en proceso, una historia ya escrita pero no narrada.

Un historia que surge de dónde venimos y por dónde andamos. Que se alimenta de caídas y tropiezos, de negaciones y mentiras. Una historia que se vomita en un viaje a ninguna parte, un recorrido por dónde el dolor no se distingue de la vida o de la risa.

Una historia que narra un simple viaje sin ida ni vuelta al vacío.

A. Irles

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Si eres editor/a

y te gustan mis textos, contacta conmigo, estaré encantado de hablar contigo sobre lo que tengo entre manos (y sobre mis trabajos en curso).


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