La partida (parte 3)

… decía que me contactaría…

Pero mintió, no me contactó: me abordó. En mi propia casa. Apenas tres días después de la partida, tres días en los que estuve recluido leyendo los periódicos, escribiendo cartas a los editores de cada uno de los periódicos que me difamaban, creándome perfiles falsos en twitter y facebook, buceando en la red desmintiendo a la panda de analfabetos que osaba ponerla a mi nivel, que osaba rebajarme al nivel de… de UNA ajedrecista, de UNA. No sé cómo consiguió mi dirección, ¿se la darían en el Club? Apenas sé lo que acaba de pasar en mi casa, no consigo deshacerme de este mareo, de esta turbación… Trato de reconstruir la escena, voy juntando piezas y recomponiendo la imagen de lo que acaba de pasar, pero su olor… el olor de su perfume, tan cerca mía, en mi propio ascensor que parece nunca llegar abajo, ese olor no me deja pensar. Ella sonríe, no la miro, pero sonríe mientras tamborilea la chapa dorada de su bolso con los dedos, con las uñas negras que… ¿acababan de rasgar mi piel apenas cinco minutos antes?. Estoy confuso. Continúa leyendo La partida (parte 3)

La partida (parte 2)

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Ese día llegó vestida con unos pitillo a rayas verticales en blanco y negro y una blusa, de puños anchos y sobrios. Llevaba tan solo dos botones abiertos escondiendo así, muy sugerentemente, el nacimiento de sus senos y enseñando con orgullo el fino collar verde que abrazaba su cuello. Sus labios, rojos como sus cabellos, bordeaban la sonrisa sencilla con la que departía con los fotógrafos amotinados alrededor de ella. Se llevó los dedos al cabello y con un gesto sutil se acomodó el pelo corto tras la oreja mientras se giraba levemente y me miraba a la par que contestaba a las preguntas y regalaba sonrisas a los periodistas. En ese momento un tipo con pinganillo me dijo que no podía estar ahí, que era zona reservada. Ni siquiera le traté de explicar nada. Sabía que ese era su juego previo, hacerme pequeño antes de la partida ya que no iba a poder derrotarme en la mesa. Esperé hasta que el organizador me recogió y me llevó a la mesa. Entonces vino ella, elevada sobre los tacones de charol rojo que chispeaban con las luces de los flashes tras de ella: Continúa leyendo La partida (parte 2)

La partida (parte 1)

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Habíamos hablado por twitter: ella me contactó, aunque yo la seguía hace tiempo. El Club nos ofreció una jornada de dinero fácil: unas partidas rápidas de exhibición y luego repetiríamos un par de partidas históricas, con explicaciones y clases magistrales. Ella era una estrella del pop: posiblemente la mejor ajedrecista española de la historia, con conexiones con la nobleza y un éxito arrollador en todo en lo que se involucraba. Continúa leyendo La partida (parte 1)