Servicio de habitaciones (I)

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Me desperté tumbado sobre una cama desconocida pero con las sábanas empapadas como venía siendo usual. Me desperté con la boca seca, el estómago revuelto y vacío y con mi característico dolor de cabeza. Aparté su brazo muerto de mi pecho y fui a cagar. El baño era de lo mejor, había elegido bien, y las toallas, con las iniciales de hotel bordadas en dorado, eran como un abrazo de terciopelo. Cuando salí, abrí una botella de agua del minibar y me la bebí de un trago. Luego abrí una cerveza y volví al baño; ya no olía tan mal. Me lavé la cara y los dientes; ¿y si me ducho?, pensé, bah, luego, voy a volver a la cama con ella. Me miré al espejo.

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La partida (parte 3)

… decía que me contactaría…

Pero mintió, no me contactó: me abordó. En mi propia casa. Apenas tres días después de la partida, tres días en los que estuve recluido leyendo los periódicos, escribiendo cartas a los editores de cada uno de los periódicos que me difamaban, creándome perfiles falsos en twitter y facebook, buceando en la red desmintiendo a la panda de analfabetos que osaba ponerla a mi nivel, que osaba rebajarme al nivel de… de UNA ajedrecista, de UNA. No sé cómo consiguió mi dirección, ¿se la darían en el Club? Apenas sé lo que acaba de pasar en mi casa, no consigo deshacerme de este mareo, de esta turbación… Trato de reconstruir la escena, voy juntando piezas y recomponiendo la imagen de lo que acaba de pasar, pero su olor… el olor de su perfume, tan cerca mía, en mi propio ascensor que parece nunca llegar abajo, ese olor no me deja pensar. Ella sonríe, no la miro, pero sonríe mientras tamborilea la chapa dorada de su bolso con los dedos, con las uñas negras que… ¿acababan de rasgar mi piel apenas cinco minutos antes?. Estoy confuso. Continúa leyendo La partida (parte 3)

La partida (parte 2)

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Ese día llegó vestida con unos pitillo a rayas verticales en blanco y negro y una blusa, de puños anchos y sobrios. Llevaba tan solo dos botones abiertos escondiendo así, muy sugerentemente, el nacimiento de sus senos y enseñando con orgullo el fino collar verde que abrazaba su cuello. Sus labios, rojos como sus cabellos, bordeaban la sonrisa sencilla con la que departía con los fotógrafos amotinados alrededor de ella. Se llevó los dedos al cabello y con un gesto sutil se acomodó el pelo corto tras la oreja mientras se giraba levemente y me miraba a la par que contestaba a las preguntas y regalaba sonrisas a los periodistas. En ese momento un tipo con pinganillo me dijo que no podía estar ahí, que era zona reservada. Ni siquiera le traté de explicar nada. Sabía que ese era su juego previo, hacerme pequeño antes de la partida ya que no iba a poder derrotarme en la mesa. Esperé hasta que el organizador me recogió y me llevó a la mesa. Entonces vino ella, elevada sobre los tacones de charol rojo que chispeaban con las luces de los flashes tras de ella: Continúa leyendo La partida (parte 2)

La partida (parte 1)

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Habíamos hablado por twitter: ella me contactó, aunque yo la seguía hace tiempo. El Club nos ofreció una jornada de dinero fácil: unas partidas rápidas de exhibición y luego repetiríamos un par de partidas históricas, con explicaciones y clases magistrales. Ella era una estrella del pop: posiblemente la mejor ajedrecista española de la historia, con conexiones con la nobleza y un éxito arrollador en todo en lo que se involucraba. Continúa leyendo La partida (parte 1)

La Trampa (Segunda historia #resacaMetroTokio)

Esta es la segunda historia que pudo haber ocurrido en el metro de Tokio. Recuerda cómo empezó:

https://otraresacamas.com/2015/04/22/paso-en-el-metro-de-tokio/

La Trampa

tumblr_mf5l3wLryu1rd7qndo1_1280Imagen http://phazonfire.tumblr.com/post/38115062706/also-my-day-is-not-complete-without-a-little

 

Un pitido acompañó el sonido de las puertas abriéndose y con la misma serenidad que viajabamos segundo antes, la mitad del pasaje se recicló con nueva carne silenciosa. Una hornada nueva de ausencias pegadas a la pantalla de distintos dispositivos electrónicos. Se cerraron las puertas. Dejaron de oírse los pájaros que adornan el silencio de las estaciones en Tokio desde los altavoces de las mismas. Una voz metálica y chillona empezó a gritarnos por la megafonía y en segundos el desorden se adueñó del vagón: entre voces y empujones todos los hombres salieron del vagón. Todos excepto otro turista, al otro extremo del compartimento, y yo. El resto eran mujeres, de todas las edades y tipos, pero todas orientales. Por unos instantes dejaron de mirar a sus teléfonos y nos observaron con fijeza fría. Entonces empezaron a entrar más y más mujeres, hasta que apenas había espacio entre nosotros y ellas. El vacío se lleno entonces de roces y perfume. Las risitas contenidas entre cientos de dedos finos y pálidos impregnaban al expresso de una atmósfera onírica en el momento en que se ponía en marcha. Dos chicas, de unos veinte años, con el traje tradicional de gheisa (uno verde y otro azul, con estampados blancos y negros) se abrieron paso hasta mi. Doblaban sus espaldas y escondían sus maquilladas y níveas caras cada vez que pedían disculpas con una reverencia. Las otras mujeres les abrían paso entre susurros y llegaron hasta mi. Se colocaron una a cada lado mía mientras yo me mantenía agarrado a la asidera aunque cada vez era menos necesario pues poco a poco mi cuerpo era rodeado de brazos cálidos, muslos desnudos, torsos escondidos, hombros claros y melenas oscuras que me mantenían a flote y erguido aunque el tren bailase en cada curva. Manos extrañas se apoyaban en mis muslos y abdomen como buscando mi piel a través de mi ropa. Sentí un aliento jadeante en mi cuello. Una respiración agitada acompañando un agarrón a mis nalgas cubiertas por los vaqueros. Una caricia en mi pecho otra en mis brazos colgantes. Unos dedos que parecían buscar los resquicios de desnudez que asomaban bajo mi camisa. Continúa leyendo La Trampa (Segunda historia #resacaMetroTokio)

La Risa (Primera historia #resacaMetroTokio)

Esta es la primera historia que pudo haber ocurrido en el metro de Tokio. Recuerda cómo empezó:

https://otraresacamas.com/2015/04/22/paso-en-el-metro-de-tokio/

La Risa

hjr0fheyrtlqtxprg31gImagen propiedad de @sesemata https://www.talenthouse.com/item/1355194/017f4e37

 

Un pitido acompañó el sonido de las puertas abriéndose…

… y, tan ordenados como silenciosos, empezaron a bajar todos y cada uno de los pasajeros mientras una voz, metálica e indescifrable para mi, vibraba desde los altavoces del vagón. La pantalla no mostraba ningún mensaje y las luces de colores que, brillando o no, indicaban el itinerario cubierto y el que quedaba por cubrir parecían estar en orden, al menos bajo mi neófita mirada. Pero yo dudaba. En un momento me encontré solo en el vagón así que me dirigí a la puerta, dubitativo y sin un plan claro. fue entonces cuando me encontré a la anciana. Medía apenas un metro cincuenta y andaba totalmente encorvada. Me tendió una mano increíblemente áspera y dura y se agarró a mi brazo mientras, a pasos diminutos, entraba en el vagón arrastrándome con ella. Toda una vida, quizá varias, me sonrió a través de sus ojos cuándo me indicó el banco dónde quería que nos sentáramos. Entonces, una vez sentados los dos, comenzó a hablarme en japones a la vez que palmeaba el dorso de mi mano con sus palmas curtidas. Continúa leyendo La Risa (Primera historia #resacaMetroTokio)

Pasó en el metro de Tokio

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El tren aminoró la marcha y entramos a la estación Minami-Nagareyama, la última antes de entrar a Tokio, o al menos al Tokio que uno querría ir a visitar. Un pitido acompañó el sonido de las puertas abriéndose…

(continuará)

 

 

A. Irles

 

(Imagen: http://dancelifereallife.tumblr.com/post/75888274493)

 

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La historia continuará por dos razones:

1- tengo dos historias que contar (que subiré en unos días)

2- os propongo que continuéis vosotros como queráis. Bien en vuestro blog, bien comentando en la misma entrada o bien por twitter usando el hastag #resacaMetroTokio. Incluso, os propongo que hagamos relatos en cadena de una manera muy sencilla: si leemos una continuación en un comentario que nos guste mucho, le respondemos y vemos a dónde nos lleva… (seguro que a algún sitio inhóspito y con ansias de ser descubierto).

Y para acabar, una única regla para delimitar la temática de los relatos: escribid lo que queráis atreviéndoos a violar la mente del lector  (y la mía por partida doble al usar  mi casa para tan perverso cometido).