Rojo burdeos (segunda parte)

continuación de Rojo Burdeos (primera parte)

– Très interesant. Le livre. I mean.

Empecé a hablarle mezclando mi macarrónico francés con algo de inglés pero ella ni se inmutó: el sonido no atravesó su espacio vital. Le volví a preguntar, ahora solo en francés, y lo mismo. Debía ser parisina, ya no cabía duda. Entonces, de golpe, cerró el libro y se le iluminaron los ojos verdes y la sonrisa angelical que escondía: una señora de pelos estrafalarios y túnica blanca  repleta de lunas azules y estrellas doradas empezó a hablar a la multitud de guiris sedientos.

Continúa leyendo Rojo burdeos (segunda parte)

Rojo burdeos

Me subí al autobús el primero y supongo que por eso acabé rodeado de cinco jubiladas alemanas de pelo corto y voz ronca. Me enclaustraron contra la ventana y empezaron a parlotear como cotorras hasta que la guía se apoderó del micrófono. Se llamaba Brigitte, tendría cómo ciento cincuenta y siete años y no paró de hablar ni uno solo de los cinco minutos que me mantuve despierto. Ella hablaba y continuamente insistía, ridículamente, en pedirnos disculpas por repetir todas las informaciones en francés y en inglés.

Continúa leyendo Rojo burdeos

23 días (homenaje a P. Auster)

DSC_0231
A. Irles 2017, Paris. Nikon D5300, sin retoques

23 días.

El vigésimo tercer día, al final de la vigésimo tercera página, tecleó la palabra FIN y un punto final. Se levantó, abrió la ventana y escudriñó el ventanal de enfrente. Ahora podría investigar quién le había estado observando todo este tiempo: quién le vigilaba. Veintitrés días y ni una pista: ni un movimiento ni sonido desde aquella ventana. ¿Quién sería? Alguien tan minucioso… ¿qué pretendería? Ahora, por fin, podría averiguarlo: solo tenía que calzarse, abandonar el cuarto, descorrer los cerrojos y salir al rellano; bajar cuatro pisos, cruzar veinte metros de calzada, tocar el timbre y decir “aquí estoy, baja”.

En cambio, cerró la ventana, se sentó frente a la máquina, tachó la palabra FIN y apiló la hoja sobre las veintidós anteriores; colocó la vigésimo cuarta, aun blanca, sobre el rodillo y ajustó la primera línea girándolo toscamente. Quizás podría esperar un día más…

A. Irles

 

CSC_0234

 

Créditos foto de portada: A. Irles 2017, Paris. Nikon D5300 y viejo objetivo Zenith de 55mm con diafragma abierto al máximo. Sin retoques (excepto espejado)

 

 

 

 

Vestidos de noche (Y. Mishima)

Último capítulo de Vestidos de noche de Yukio Mishima

(Alianza Literaria (Al), Traducción de Carlos Rubio López)


tumblr_ogh3htyi3o1tvmqcgo1_1280

Ilustración de Matsuura Shiori

Llegaron los cafés. Ayako observó que hasta en la simple forma en que su suegra sostenía la cucharilla con una mano tan blanca salpicada por las manchas pálidas de la vejez, había un movimiento de singular elegancia. Ayako pensó que le gustaría aprenderlo, así observándolo sumisamente. ¿Intuyó la señora este sentimiento de su nuera? Tal vez por eso se puso a hablar en un tono confesional e insólito en ella:

Continúa leyendo Vestidos de noche (Y. Mishima)

Las pastillas que necesito

He recibido una propuesta indecente: continuar este texto de mi amigo JD. Os dejo aquí su relato (lleno de posibilidades) y la preciosidad de Daniela Uhlig (hablo de su pintura) que he elegido para acompañar el relato. El día 11 de Marzo de 2016, musas mediante, subiré la continuación. ¿Y vosotr@s? ¿Cómo lo continuaríais?

***

 

Wet glass by Daniela UhligPaint by Daniela Uhilg

Continúa leyendo Las pastillas que necesito