La esperanza del condenado

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L’Espoir du condamné à mort I La esperanza del condenado a muerte I Fecha 9 febrero 1974 Técnica Acrílico sobre tela. Tríptico. Autor: Joan Miró

 

Él se sentó en el banco solitario entre los tres cuadros que formaban la habitación cerrada por todos lados excepto a la espalda del espectador. Apoyó los brazos sobre sus muslos, con las palmas hacia abajo reposando en las rodillas y cerró los ojos. Ella se sentó a su lado y preguntó:

– ¿Vamos a hablar en algún momento?

– ¿De qué? – resopló él.

– De porqué estamos estamos aquí, de porqué hace horas que no me hablas más que con monosílabos, de porqué…

– Va… le… – el sonrió con los ojos todavía cerrados.

El silencio volvió a sentarse entre ellos. Ella tenía la mano en el aire, congelada ahí mientras decidía si caía sobre la de él o no. Continúa leyendo La esperanza del condenado

Origami es papiroflexia pero papiroflexia no siempre es origami (o Teoría de la Procrastinación)

Todas las fotos han sido hechas por mi usando una Nikon D5300 y un objetivo Zenith MC Helios-44M-4 de 58mm y f2.0

Hokusai, el arte erótico Shunga y la chica sin nombre

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La Gran Ola Kanagawa (Katsushika Hokusai, etre 1830 y 33)

Fue en Hamburgo, hace varias vidas. Puede que hasta fuera verano durante todo el día y fue en el MKG, el Museum für Kunst und Gewerbe Hamburg. Recuerdo que con el malhumor encendido, observaba las láminas de Hokusai en las que retrataba una obsesión con el Fuji. Las escudriñaba una a una, de la última a la primera, mientras hablaba al cuello de mi camiseta y blasfemaba contra la infernal lógica del museo: antes de esta exposición (Hokusai y Manga) tenías que pasar por una galería de arte renacentista, una (más lamentable aun que la renacentista) de arte islámica y una de art nouveau. Pero lo mejor de todo era el hilo conductor, la conexión entre todas esas galerías: una exposición de zapatillas de deportes en el atrio central. No hablo de las sillas medio oxidadas y rajadas de Le Corbusier en el pasillo ni la sala patrocinada por el banco no se cuál.

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Van Gogh: pequeños secretos femeninos.

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“Petits secrets féminins”  Illustration de l’artiste italien Amleto Dalla Costa

 

Llevaba varios días solo, vagando sin rumbo fijo, buscando la nada con la mirada vaga y perdida en mis pensamientos desparramados por las calles húmedas de París. Ese día era un día cualquiera, otro más. Pero era París, dónde andar perdido parece de lo más común. Como cada mañana, comencé a caminar temprano y no paré hasta que el dolor de pies me lo pidió. Cuándo eso pasaba, levantaba la vista y buscaba una boca de metro, y desaparecía de la ciudad hasta el día siguiente. Pero ese día desemboqué, sin saber cómo, frente al Musee d’Orsay. No me quedaban fuerzas en las piernas pero ver las puertas del museo me trajo a la memoria la fresca sorpresa que me dio una vez un desconocido para mi Pisarro y sus pincelada neblinosa que lo hacía brillar sobre los demás impresionistas de la exposición. Eso quedaba muy lejos, pero quería ver otra vez su pincelada y apenas había cola. De hecho, en la cola estábamos solos: ella y yo. Ella estaba de espaldas a mi, hablando un francés suave pero alegre y vivo como el rojo de su pelo. De su cuello me llegaba un aroma cítrico como de rama de naranjo recién partida. Algo verde aún. Ella compró su entrada y se giró ofreciéndome su perfil. Se arregló el pelo tras la oreja y se despidió de la cajera sin regalarme un vistazo. Le vi coger un plano en español del museo y se adentró en el museo con paso ligero, apenas contoneando su fina silueta entallada en sus vaqueros claros: parecía patinar al hacer danzar sus tacones rojos adelante y atrás. Se paró, repentinamente, en la mitad de la sala de las estatuas muertas para ella que solo leía el mapa sin prestarles atención. Todo parecía escaparse hacia otra parte menos ella, hasta  que pareció encontrar en el plano lo que buscaba hasta que lo encontró y fue ella la que desapareció deslizándose sobre el suelo de reluciente granito y permitiendo a las estatuas volver a su espacio propio.

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Grafolagnia tolerada

Al parecer la Grafolagnia, Iconolagnia o Pictofilia es un tipo de parafilia en la cuál el individuo o individua se excita y hasta llega a alcanzar el orgasmo (sin mediación alguna de dedos o labios ajenos) mediante la simple contemplación de fotografías, películas o videos de actividades comúnmente tachadas como sucios, pornográficos u obscenos.

También parece ser que esta conveniente parafilia solo se da con la contemplación de porno o imágenes de sexo explícito. Pero…

¿ y si hay gente a la que le pasa eso mismo con cuadros, libros o composiciones musicales socialmente catalogados cómo arte “para todos los públicos”? Podréis leer historias y relatos sobre esto en mi nueva sección: Grafolagnia.

 

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Jillian Tamaki, illustrator

 

Pequeño diccionario de palabras incomprendidas: Mujer

 

Retratos de Amparo Q.

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Facebook: https://www.facebook.com/AmparoQArte/

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