Tú, frente al espejo

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Te pusiste los cascos, probablemente nada más salir del garito. No eran unos de esos cascos de última generación que se adaptan perfectamente a tu oído interno. Ni siquiera unos de esos enormes que piensas que son un absurdo incordio. No: tú tienes los cascos de tu anterior móvil, puede que del anterior del anterior, ¿qué más da? quién nota la diferencia. Estás solo, uno mismo y el mundo, cuándo te los pones, y ni siquiera eres capaz de subir el volumen a más del setenta por ciento del tope. No te gusta. Cuándo los llevas puestos, bajas instintivamente el volumen al comienzo de cada canción. Solo un punto cada vez, hasta que al final los sonidos de tu cerebro rumiando la realidad superan la música de fondo. Pero hoy los llevas a tope y no oyes los ruidos de la calle, solo a Darkside de fondo, zarandeando en tu cerebro, haciendo balancear tu columna en un imperceptible ritmo: arriba y abajo, con una leve caída de los hombros hacia los lados, derecha e izquierda; arriba e izquierda, abajo y derecha, izquierda, arriba y derecha… Nadie lo ve, ni el ritmo de tu baile ni tu desenfreno interno. Apenas tú estás seguro de si estás moviendo algo más que tus piernas que te llevan alegre pero torpemente hacia dónde sea. Pero sonríes, sonríes porque sabes que la música te lleva, ella sabe dónde ir ahora. Ella te ha sacado del local dónde has estado toda la tarde, bebiendo, mirando la pantalla muda de tu móvil y a la rubia del otro lado de la bar, la que leía. La que luego hablaba por teléfono. La que al rato reía tapándose la mano cuándo el otro chico que también bebía solo pero se había quedado sin batería le empezó a hablar.  La que  te miró, de reojo, cuándo él fue al baño. ¿Ahora me miras?. Te echó otro vistazo, de reojo traicionero, mientras se acomodaba en la silla y hojeaba el libro con una sonrisa medio ladeada que parecía hablarte desde la distancia: Continúa leyendo Tú, frente al espejo

Camino a la Rave – 2ª parte

Lo que a continuación os presento es una cadena entre escritores. Cadena que se titulara: De camino a la rave. Y es tan sencilla como recibir la invitación. Leer, como mínimo, la parte que escribió la persona que te invito. Escribir la siguiente parte, continuando la historia. Incluir un índice, al final de cada parte, con el enlace de los capítulos anteriores, para que sea más fácil seguirle la pista a la historia completa. Colgarla en tu blog. Enviar la invitación a una sola persona. Y que esta continúe la cadena. El objetivo es crear una historia larga. Tan larga como larga sea la cadena.

Mr. G.

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1ª Partehttps://ravelandia.wordpress.com/2015/01/26/de-camino-a-la-rave-1a-parte/

2ª Parte– (Servidor)

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De camino a la Rave – 2ª Parte

Decidí que además hoy pillaría un par de gramos y me daría un homenaje, al fin y al cabo ya era miércoles. Abrí la litrona y le pegué un trago largo. Continúa leyendo Camino a la Rave – 2ª parte

Cervezas y zumo de naranja en el tren

Este es el primer relato que subo a la sección “Oniria”.

Como veréis, de eso va, de recuerdos, onirismos y mensajes

que a veces encuentro en mi cabeza

cuando no pienso en nada.

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Íbamos en un tren que apuñalaba la penumbra pegajosa. Era un tren antiguo, de madera oscura y asientos forrados en fieltro granate allá dónde mi mirada enfocaba; y moderno, metálico y pulcro dónde mi vista no vigilaba. La mesa entre los asientos estaba dispuesta perpendicularmente a cómo uno esperaría, con los asientos en dos hileras: una, en la cuál yo estaba sentado, dando la espalda a las ventanas y la otra de cara. Había al menos seis asientos en cada hilera, pero podría ser que fueran diez o doce.

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No hay quien la entienda

– ¡Hooombre! ¡La putita del taller! ¿Ya has recuperao tu lengua? ¿O sigue en el culo del jefe? Jajajaja te se ha olvidao ahí, porque se lo estabas chupando, ¿lo pillas? Jajajaja

-Que va Toni… si yo te contara. No va y resulta que llego al despacho del cabronazo aquel y me encuentro ahí a tu madre, sentada en una silla leyéndo en voz alta pasajes de Trópico de Cáncer mientras el desgraciado aquel le daba duro a tu hermana.

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