Hokusai, el arte erótico Shunga y la chica sin nombre

Great_Wave_off_Kanagawa2.jpg
La Gran Ola Kanagawa (Katsushika Hokusai, etre 1830 y 33)

Fue en Hamburgo, hace varias vidas. Puede que hasta fuera verano durante todo el día y fue en el MKG, el Museum für Kunst und Gewerbe Hamburg. Recuerdo que con el malhumor encendido, observaba las láminas de Hokusai en las que retrataba una obsesión con el Fuji. Las escudriñaba una a una, de la última a la primera, mientras hablaba al cuello de mi camiseta y blasfemaba contra la infernal lógica del museo: antes de esta exposición (Hokusai y Manga) tenías que pasar por una galería de arte renacentista, una (más lamentable aun que la renacentista) de arte islámica y una de art nouveau. Pero lo mejor de todo era el hilo conductor, la conexión entre todas esas galerías: una exposición de zapatillas de deportes en el atrio central. No hablo de las sillas medio oxidadas y rajadas de Le Corbusier en el pasillo ni la sala patrocinada por el banco no se cuál.

Continúa leyendo Hokusai, el arte erótico Shunga y la chica sin nombre

Grafolagnia tolerada

Al parecer la Grafolagnia, Iconolagnia o Pictofilia es un tipo de parafilia en la cuál el individuo o individua se excita y hasta llega a alcanzar el orgasmo (sin mediación alguna de dedos o labios ajenos) mediante la simple contemplación de fotografías, películas o videos de actividades comúnmente tachadas como sucios, pornográficos u obscenos.

También parece ser que esta conveniente parafilia solo se da con la contemplación de porno o imágenes de sexo explícito. Pero…

¿ y si hay gente a la que le pasa eso mismo con cuadros, libros o composiciones musicales socialmente catalogados cómo arte “para todos los públicos”? Podréis leer historias y relatos sobre esto en mi nueva sección: Grafolagnia.

 

tumblr_p2jn748nwL1tlhm8ro1_500
Jillian Tamaki, illustrator

 

Rojo Burdeos (cuarta parte y final)

continuación de Rojo Burdeos: tercera, segunda y primera parte:

—-

– ¿Hablas español? – pregunté sin soltar mi miembro.

Sonrió y alargó su mano hacia la mía. Sus dedos rozaron los míos y, tras unos segundos de breve lucha entre ellos, se apoderaron de mi capullo. Me sonrió, sin separar los labios, y me empujó hasta que mi espalda se encontró con el portón. Entonces entreabrió sus labios, se relamió y se agachó despacio hasta quedarse frente a mi polla. Sacó la lengua y le dio un pequeño lametazo. Apenas me la tocó pero me hizo temblar.

– Mmmm, estás goteando- susurró. Continúa leyendo Rojo Burdeos (cuarta parte y final)

Rojo burdeos (tercera parte)

continuación de Rojo Burdeos: segunda parte y primera parte:

 

Fui a la puerta del baño decidido a esperar a que saliera con la señora: no me sería difícil hacer esperar a la japonesa un poco mientras la señora volvía a la cata y entonces podríamos entrar los dos solos al baño… o perdernos entre los viñedos. O buscar una estancia vacía en el Chateau. Recorrí el patio nervioso, sin separar la vista del baño. Fui al autobús a comprobar si podríamos entrar, pero estaba cerrado y el conductor no estaba. Me asomé a los viñedos: había espacio de sobra para perdernos entre ellos. Pero no salía. Mi polla se impacientaba en el pantalón y de allí dentro no salía el más mínimo ruido. ¿Y si tocaba a la puerta? La vieja era muy vieja, igual le había dado un síncope o algo.

Toc, toc. Continúa leyendo Rojo burdeos (tercera parte)

Rojo burdeos (segunda parte)

continuación de Rojo Burdeos (primera parte)

– Très interesant. Le livre. I mean.

Empecé a hablarle mezclando mi macarrónico francés con algo de inglés pero ella ni se inmutó: el sonido no atravesó su espacio vital. Le volví a preguntar, ahora solo en francés, y lo mismo. Debía ser parisina, ya no cabía duda. Entonces, de golpe, cerró el libro y se le iluminaron los ojos verdes y la sonrisa angelical que escondía: una señora de pelos estrafalarios y túnica blanca  repleta de lunas azules y estrellas doradas empezó a hablar a la multitud de guiris sedientos.

Continúa leyendo Rojo burdeos (segunda parte)

Rojo burdeos

Me subí al autobús el primero y supongo que por eso acabé rodeado de cinco jubiladas alemanas de pelo corto y voz ronca. Me enclaustraron contra la ventana y empezaron a parlotear como cotorras hasta que la guía se apoderó del micrófono. Se llamaba Brigitte, tendría cómo ciento cincuenta y siete años y no paró de hablar ni uno solo de los cinco minutos que me mantuve despierto. Ella hablaba y continuamente insistía, ridículamente, en pedirnos disculpas por repetir todas las informaciones en francés y en inglés.

Continúa leyendo Rojo burdeos

Erotismo es…

Esta entrada fue escrita para Ars Eróticas y coleccionada (aquíaquí) junto con diversas visiones sobre lo que es el erotismo para otr@s bloguer@s.
Gracias por invitarme a participar en este recopilatorio tan interesante.
***
e5fdb70a7b1849734c77758ece8222e2
Pintura de Tyson Mcadoo
Erotismo es una línea dónde solo hay curvas,
un quizás venido a más, una caricia cancelada.

Es una nota al margen en carmesí subrayada.

Erotismo es ese detalle que te viola la rutina:
alguien mordisqueando el bolígrafo en la oficina.

Es la monotonía ignorada de reojo y a hurtadillas.

 

Erotismo es…

esos labios rojos en el gris de cada día.

A. Irles

Guardar