Cruce de caminos

large

Yo conducía y ella giraba y giraba el mapa. Cuatro giros después, lo arrugó y lo guardó en la guantera. Queríamos divertirnos: yo llevaba mi viejo panamá que rozaba el techo del coche y ella su pañuelo rojo al cuello. Pero en dos días no habíamos hecho más que deambular por carreteras semi abandonadas y aburridas. Entonces fue cuándo paramos en aquél motel con gasolinera y bajé del coche. “¿Quieres algo?”, le pregunté. “Una coca cola”, me dijo.

Continúa leyendo Cruce de caminos

La mirada del lujurioso

[…] Erré por varios salones más o menos concurridos, exultante de cintura para abajo, pero preocupado de cintura para arriba; eso era consecuencia de que la mirada del lujurioso siempre está triste: la lujuria nunca está segura – aunque la víctima aterciopelada esté encerrada en tu propio calabozo – de que algún demonio rival o un dios influyente no estorbe en el triunfo preparado. En términos corrientes, necesitaba un trago […]

Nabokov, Lolita