Hokusai, el arte erótico Shunga y la chica sin nombre

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La Gran Ola Kanagawa (Katsushika Hokusai, etre 1830 y 33)

Fue en Hamburgo, hace varias vidas. Puede que hasta fuera verano durante todo el día y fue en el MKG, el Museum für Kunst und Gewerbe Hamburg. Recuerdo que con el malhumor encendido, observaba las láminas de Hokusai en las que retrataba una obsesión con el Fuji. Las escudriñaba una a una, de la última a la primera, mientras hablaba al cuello de mi camiseta y blasfemaba contra la infernal lógica del museo: antes de esta exposición (Hokusai y Manga) tenías que pasar por una galería de arte renacentista, una (más lamentable aun que la renacentista) de arte islámica y una de art nouveau. Pero lo mejor de todo era el hilo conductor, la conexión entre todas esas galerías: una exposición de zapatillas de deportes en el atrio central. No hablo de las sillas medio oxidadas y rajadas de Le Corbusier en el pasillo ni la sala patrocinada por el banco no se cuál.

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Rojo burdeos (tercera parte)

continuación de Rojo Burdeos: segunda parte y primera parte:

 

Fui a la puerta del baño decidido a esperar a que saliera con la señora: no me sería difícil hacer esperar a la japonesa un poco mientras la señora volvía a la cata y entonces podríamos entrar los dos solos al baño… o perdernos entre los viñedos. O buscar una estancia vacía en el Chateau. Recorrí el patio nervioso, sin separar la vista del baño. Fui al autobús a comprobar si podríamos entrar, pero estaba cerrado y el conductor no estaba. Me asomé a los viñedos: había espacio de sobra para perdernos entre ellos. Pero no salía. Mi polla se impacientaba en el pantalón y de allí dentro no salía el más mínimo ruido. ¿Y si tocaba a la puerta? La vieja era muy vieja, igual le había dado un síncope o algo.

Toc, toc. Continúa leyendo Rojo burdeos (tercera parte)