Molesten por favor (Las camareras voyeurs)

Me desperté en ese momento en el que realmente no estás despierto del todo. Ese en el que las musas de tu onirismo y la realidad se penetran entre sí, sudorosos y sumisos el uno al otro, ese momento en el que la mente, frágil aún borracha y excitada por la desmesura de las horas anteriores, no distingue entre el claro traqueteo rítmico de una cama golpeando la pared de tu dormitorio del sonido propio de los engranajes de tu mente intentando arrancar. Casi desperté en ese periodo de tiempo en el que los gemidos, acompasados y levemente silenciados por la pared que me separaban de ellos se volvían indistinguibles de los gemidos que mi propia polla ansiaba otorgarles a la presa de las embestidas que asaltaban una y otra vez la pared de mi habitación. Continúa leyendo Molesten por favor (Las camareras voyeurs)