¿Qué es escribir? Escribir es…

Os conté parte de mis mentiras en una entrada anterior:

¿Por qué escribo?

“Y es que al final, cuando escribes, solo buscas que te desgarren las ropas, te maniaten y que te hagan enterrar tu boca tan profundo en una mujer como profundo es el agujero desde el que has sacado lo que escribes.”

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Pero, ¿qué es escribir? Escribir es…

… machacar el teclado con mentiras. Es vomitar semen por los dedos, Es masturbarnos con mis letras. Follaros sin permiso. Es estornudar las entrañas. Mentir las verdades que ocultamos. Es olvidar el miedo haciéndolo presente. Es cagar la ansiedad que hace vibrar nuestros párpados. Es sincerarse con una falacia tras otra.

Es allanar tus deseos desconocidos. Desalojar el tedio de vuestras entrepiernas y okuparlas con mis sucias letras. Es enterrar mi lengua (y las palabras que musito mientras rasgo el papel con el bolígrafo) en vuestros sexos húmedos de vida.

Es introducir un dedo dentro de vuestros charcos prohibidos. Y luego otro. Y entonces retorcerlos, girarlos, meterlos, sacarlos… doblarlos atrapando vuestro punto de extásis hacia mi. Es masturbar mi imaginación con la otra mano. Arriba y abajo, suavemente primero y frenéticamente después, hasta que cada uno de los grafemas que dicto se derrama a la vez en nuestros cerebros. Es que mi imaginación atrape mi pelvis entre sus muslos y la sacuda, la exprima, la viole, la cabalgue hasta escupir mi única verdad.

Es deletrear todos los gemidos que ansío. Es sacudir mis entrañas con vuestros sentidos.

Pero escribir no es nada de esto: es todo lo demás, es todo lo que tú, ávid@ devorador@ de pensamientos, quieras, es todo lo que yo quiera. Pero sobre todo, es lo que no atisbo a saber.

Escribir es lo que somos.

Llámalo cómo quieras.

 

Y para tí, ¿qué es escribir? Ellos ya opinaron: https://otraresacamas.com/2015/05/12/que-es-escribir-escribir-es-lo-que-vosotrs-digais/

 

A. Irles

Música: cómo un orgasmo pero diferente.

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De pie, muy recto, con la barbilla levantada y los brazos cruzados. El abrigo, si hace frío, puesto. La mirada fija en las luces de colores, examinando sin prestar atención las baquetas golpeando a un ritmo que no entiendo, o siguiendo al guitarra ir de un lado para otro sin prestarnos atención pero sin parar de recibirla, o simplemente siendo acariciada, mi mirada, con la voz hipnótica de uno de los cantantes. Y siento envidia y regocijo. Mi corazón está recogido y mis entrañas esponjosas y suaves. Mi pie, el derecho, tamborilea el ritmo que mi cerebro no sabe entender. No sigo el ritmo, soy incapaz, pero no paro. Y siento otra vez envidia, de todos los que entienden lo que pasa o del que me dice: Continúa leyendo Música: cómo un orgasmo pero diferente.

Infección divina, cura terrenal: una historia de sumisión y venganza

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Desperté con un zumbido perforando mis sientes. Abrí los ojos y tras una neblina que se disipaba lentamente vi unas botas altas y negras embutidas en dos piernas blancas y largas como las agujas que parecían punzar mi cerebro. Intenté mirar hacia arriba pero algo me impedía mover la cabeza. Grité pero mis dientes chocaron con una especie de pelota que llenaba mi boca por completo. Me fijé y vi que frente a las puntas negras y afiladas de las botas había un charco de saliva. Debía ser mía. Escuché una risa de mujer, comedida pero prepotente. Continúa leyendo Infección divina, cura terrenal: una historia de sumisión y venganza

El puto campanario de los cojones

Reblogueo de una entrada antigua publicada originalmente en http://www.paperfront.net/opinion/journal/el-puto-campanario-de-los-cojones/ y subida al blog eel 18 Agosto de 2013 (en los albores del blog)

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(Imagen: flickr.com/photos/nikar1/3861276203/in/photostream/)

“¡Hay un tipo en la punta del campanario!” ¡En la punta! ¡Del campanario! ¡Un tipo! Dios santo… ¡será imbécil! No puedo más, no puedo con este tipo. Lo juro por lo más sagrado, lo mato, lo mato. Mato a Jota, por mis muertos que lo mato, ¡imbécil de los cojones! Palurdo, enfermo mental, desgraciado. Es un puto zoquete y me tiene hasta la punta del mismísimo cipote.

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No hay quien la entienda

– ¡Hooombre! ¡La putita del taller! ¿Ya has recuperao tu lengua? ¿O sigue en el culo del jefe? Jajajaja te se ha olvidao ahí, porque se lo estabas chupando, ¿lo pillas? Jajajaja

-Que va Toni… si yo te contara. No va y resulta que llego al despacho del cabronazo aquel y me encuentro ahí a tu madre, sentada en una silla leyéndo en voz alta pasajes de Trópico de Cáncer mientras el desgraciado aquel le daba duro a tu hermana.

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