El Fantasma de la Navidad 14 (final)

Última entrada de mi diario de Navidad que he titulado El Fantasma de La Navidad.

 

11 de Enero 2016, Barcelona.

No sé qué fecha poner a esta última entrada de mi diario pues quiero plasmar en letras lo que pasó desde que salí de casa con Azucena, la señorita de la voz dulce mirada traviesa y discretísimas y elegantes artes eróticas concentradas en sus labios, como pude comprobar en el tatami privado del restaurante japonés al que fuimos. Fue tras el postre, cuando abrimos la botella de cava (el sake no me mata, la verdad) y tampoco voy a detallarlo aquí, pues lo importante de esa noche es lo que pasó antes y después de que ella me hiciera recostar junto a la mesa bajita aún llena de platillos y restos de sashimi y me diera el orgasmo más lechoso, sosegado y armonioso que una boca me había arrancado en la vida. Lo de antes es fácil de explicarlo: no hicimos nada más que ir al restaurante y meternos en el reservado. No hablamos, apenas cruzamos palabras excepto para discutir sobre el menú que queríamos. Se sentó a mi lado y saqué las notas del diario. Mientras comíamos y bebíamos vino, leí y releí cada anotación y las iba dejando junto a mi, entre ella y yo. Ella al principio parecía incómoda con mi silencio: me empezó a masajear los hombros, luego empezó a cenar y disfrutar del vino, luego pareció entrarle la curiosidad y se puso a leer las notas que yo iba dejando junto a mi. Tanto se debió ensimismar con la lectura que cuándo yo acabé y empecé a cenar lo que quedaba, ella siguió leyendo y, cuándo la camarera-gueisa pidió permiso para entrar, se lo dió y pidió otra botella de vino sin consultarme. Seguí comiendo, observando sus ojos marrones danzar de línea a línea, recorrerlas una a una lentamente mientras respiraba con los labios ligeramente separados. Acabó cuándo llegó la botella de vino y cuándo le llenaron la copa dio un largo trago, dejó los papeles en el suelo y mirándome con las mejillas sonrosadas me dijo:

– Esto es bueno… No sabía que eras escritor.

[ …]

¿Quieres saber cómo continúa? Visita el “Vacío” https://otraresacamas.com/2016/06/18/vacio/

 

tumblr_mw9qwqDIg81qzcapfo1_500

 

A. Irles

Imagen de Benjamin Garcia: Submariner

El Fantasma de la Navidad 13: compañía a domicilio

Entrada de mi diario de Navidad que he titulado El Fantasma de La Navidad.

 

9 de Enero 2016, Barcelona.

No tenía ganas de escribir, ni de beber, ni de salir. No tenía ganas ni de sentir dolor en los cojones y tal era mi apatía que  no lo sentía. No tenía ganas de dormir ni de pensar. Así que pasé todo el viernes y la noche del jueves tumbado como un cadáver. Primero en la alfombra al pie de la cama con la camisa vomitada echa un gurruño al otro lado de la habitación. Luego me pasé a la cama y me dediqué a tareas varias: a atravesar el techo con mi mirada, pero sin empeñarme; en mirar a la bombilla del techo y cerrar los ojos para así embobarme contando los destellos de luz que veía en mis párpados anaranjados; contar las palpitaciones de mi arterias del cuello; o en contar las ondulaciones de las cortinas… lo de las ondulaciones me abstraía bastante y aun llevo todo el día de hoy (ya sábado, ¿no?) haciéndolo. Es curioso porque a pesar de estar en una habitación cerrada y ser yo la única persona en la habitación en número de ondas de las cortinas parece cambiar. Si las cuentas una y otra vez, de repente, aparece una más o desaparece una. No sabes en qué lugar, si es al principio o al final o entremedias… pero poco te importa si estás perdiendo el tiempo en contar ondas en las putas cortinas ¿no? No cené el jueves ni desayuné ni comí ni cené ayer ni he desayunado hoy. No dormí. No me levanté más que para mear un par de veces, para cagar otra vez y para beber agua, litros de agua. Supongo que mi cuerpo necesitaba una limpieza y supongo que mi mente necesitaba contar las jodidas ondas de la cortina. Contar evade.

[ …]

¿Quieres saber cómo continúa? Visita el “Vacío” https://otraresacamas.com/2016/06/18/vacio/

Continúa leyendo El Fantasma de la Navidad 13: compañía a domicilio

El Fantasma de la Navidad 12: aun me duele mientras escribo

Entrada de mi diario de Navidad que he titulado El Fantasma de La Navidad.

 

7 de Enero 2016, Barcelona.

Aun me duele mientras escribo pero pensar en otra cosa me ayuda a disminuir el dolor, la rabia y las ganas de coger una barra de metal e ir a su tienda y reventarle el escaparate. Escribir esta mierda de diario que me revuelve continuamente las tripas y la conciencia, sí, la puta conciencia, me relaja ahora y me suaviza las fantasías que invaden ahora mi mente, esas fantasías en las que llego a su casa con un gato de coche y reviento su puerta, desmiembro a su gato hijodeputa y me la follo por el culo sobre su asquerosa mesa de cocina hasta que ya no pueda llorar más. Aun me duele mientras escribo… pero me alegro de estar escribiendo.

tumblr_nywi608GPi1sflopao1_500 Continúa leyendo El Fantasma de la Navidad 12: aun me duele mientras escribo

El Fantasma de la Navidad 11: día de Reyes en la suite del hotel

Entrada de mi diario de Navidad que he titulado El Fantasma de La Navidad.

 

6 de Enero 2016, Barcelona.

Escribo desde la suite de un hotel de lujo de Barcelona. Es una habitación enorme con una cama de dos por dos metros, con sábanas de seda blanca y granate y acabados de madera oscura en el cabecero y en el pie. Tengo un armario vestidor en el mismo cuarto tras un espejo de cuerpo entero (o de tres cuerpos enteros más bien) y una alfombra enorme, también granate o burdeos o algo parecido entre la cama y el despacho desde el que escribo. Tengo otra estancia con una mesa despacho para reuniones y una pequeña barra de bar y tengo otra estancia con dos sillones individuales de piel negra y un sofá de tres piezas rodeando una mesa baja redonda de cristal. Si escribiera desde ahí, vería los restos de coca en la mesa y olería el típico aroma de los aceites y geles lubricantes mezclados con el sudor del vicio de la noche anterior. Si fuera al salón, encontraría más de lo mismo pero con cuerdas, mordazas, un par de arneses y varios trajes de cuero desperdigados por el suelo, mesa y sillas. Todo tirado por ahí y regado en botellas de alcohol vacías y en la peste a alcohol sudado durante toda la noche. Desde donde escribo esta mierda las veo a ellas dos, a las dos putas que pagué para que pasaran conmigo las últimas 24 horas. Dos gemelas morenas, de piel blanca y de artes obscenas entre sus piernas. Pili y Mili o yo qué sé, no pregunté sus nombres y no me los dijeron tampoco. Bueno, sí que me los dijeron pero… ¿qué me importa a mi? ¿o qué les importará a ellas que no lo sepa? Pili es la que tiene un tatuaje de un ancla en el tobillo y es más guapa, más jovial y con un aire más puro e inocente. Mili tiene esa mirada de zorra que no se entrena, que se tiene o no se tiene, esa mirada que es prueba constante de lo bien que la come, pues Mili es mucho mejor que Pili en eso, come pollas, culos, coños, como uno imagina que lo haría una puta sirena. Por lo demás, son dos ángeles del sexo y de la diversión. Continúa leyendo El Fantasma de la Navidad 11: día de Reyes en la suite del hotel

Servicio de habitaciones (IV y final)

Continuación (y final) de: “Servicio de habitaciones”

tumblr_nv8rd0sz0D1sl87kjo1_500Imagen de ‘G.I. Jane (Fill Me Up)’ 

 

Intenté levantarme pero mis muslos cedieron al peso de ella sin oponer resistencia y mis brazos cayeron muertos junto a mi, colgando como dos peleles sin amo. Traté de sacármela de encima, de gritar, de moverme, de sacudirla de mi pero apenas logré que un gruñido saliese de mi esófago. Me encontré acorralado dentro de mi cuerpo, insumiso a mis órdenes… pero veía, oía, olía: la olía a ella, olía mi sudor chorreando por la adrenalina. Respiraba, sentía… y ella reía a la vez que yo sucumbía al pánico que hacía que mi corazón se me vomitase por la garganta abierta de par en par y que mis sienes palpitasen despavoridas.

Continúa leyendo Servicio de habitaciones (IV y final)

Servicio de habitaciones (III)

Continuación de:

“Servicio de habitaciones (I)”

“Servicio de habitaciones (II)”

tumblr_nas3rbwHvR1t1ye6to1_540Imagen de Shintaro Kago

 

– Dígame, señor Irles – susurró mientras acercaba su mano a mi pecho – ¿cuál es el problema?

– ¿El… el… pro… problema? El espejo…

– ¿Sí?, ¿qué le pasa al espejo?

Me miraba ladeada, con sus uñas rascando apenas mi esternón, y entonces volteaba la cabeza para mirarme fijamente por el espejo. Sin pestañear. Sin dudas. Solo deseo, hambre. Su reflejo aparecía nítido tras la mancha de carmín desenfocada en el cristal y a la vez mi locura subía. Subía. Otra vez venía y si quería pararla, era ahora.

Continúa leyendo Servicio de habitaciones (III)

Servicio de habitaciones (II)

Continuación de la historia “Servicio de habitaciones (I)”

tumblr_mcdbbfD6qt1rojfyfo1_r1_1280

Me corrí sobre ella, apoyando mi carne en sus labios todavía tibios y salpicando su barbilla, su pecho y sus muslos con los chorros que eyectaba desquiciadamente. Todavía gimiendo, uniendo mi orgasmo con mi voz, le dije a la camarera que pasase, que estaba abierto. Oí la puerta y noté como cambiaba la composición de luz de la habitación mientras azotaba la boca de la rubia con mi polla. La camarera, al otro lado de la habitación, emitió un gemido casi mudo.

– Tranquila, no molestas, pasa.

Yo no la miraba, pero podía ver las sombras volviendo a invadir la habitación mientras la puerta se cerraba sola, lentamente. Ella veía una cama desecha, de sabanas blancas retorcidas, veía una chica de piel fina, blanca y sedosa tumbada sobre la cama, boca arriba, con las piernas entreabiertas, ofreciendole su regalo más preciado a la visitante. Veía una melena rubia cayendo por el borde de la cama. Veía sus dedos atrapados entre mis labios y veía mi sexo acariciando su cara restregando la lefa entre sus labios rojos.

Yo no la miraba, solo la escuchaba. La escuchaba quieta, mirando, temblorosa, con la respiración acelerada.

– ¿Te gusta? – le dije sin mirarla.

Apenas contestó con un carraspeo y con un movimiento torpe que hizo que cayera sobre un cojín algo que tenía entre las manos.

– Espera – le volví a decir, pero esta vez la observé fijamente – ¿cómo te llamas?

Balbuceó un nombre que no recuerdo y bajó la mirada hacia las sábanas que cargaba en las manos. Llevaba un uniforme sobrio pero con un sugerente escote, negro y blanco, al nivel de todo en este hotel. Me llamaron la atención los tacones negros, finos y demasiado sensuales, que torneaban unos gemelos elegantes, cubiertos por unas medias oscuras secuestradas por un liguero negro encajado a la mitad de los muslos que se vislumbraban desnudos y claros como la piel de sus brazos y sus manos gráciles y nerviosas coronadas por diez uñas rojas brillantes.

– Entonces, ¿te gusta?

En ese momento, sí que me miró. Me clavó sus ojos verdes bien abiertos durante unos segundos mientras admiraba sus labios carnosos entreabiertos y sus pómulos sonrosados. Se apartó el flequillo rojo de la frente y, extrañamente segura, me dijo:

– Las… los empleados del Hotel Galatea somos instruidos en la discreción, señor Irles.

No me apartaba la vista, que me hipnotizaba y mantenía mi deseo enhiesto. Me acerqué hacia ella, dejando caer delicadamente el brazo de la puta sobre la cama, como si estuviera vivo, y rodeando la cama llegué hasta ella.

– Sabe, señorita, me encanta este hotel – le susurré cuándo estaba a medio metro de ella, con mi miembro entre mis dedos.

– Y a nosotros nos encanta tenerle como cliente, señor Irles.

Olía a vainilla. Los vapores emanaban de su cuello desnudo, directos a mis sentidos, tiñendo la oscuridad de vetas rojizas. No miraba a sus ojos, embaucadores y valientes, fijos en mi respiración, pues mis sentidos se volcaban en el torrente de sensualidad que emanaba de los vellos erizados de su nuca.

– Me encanta, me encanta este hotel, señorita, pero tengo un problema en el baño. Lo descubrimos anoche, mientras disfrutábamos de la ducha masaje, ¿puede echarle un ojo?

– Claro, señor Irles.

Entonces me rozó, me sonrió bajando los párpados, pasó junto a mi, decidida y segura, y fue al baño, rozándome antes, con la yema de sus dedos, en el codo. Dirigiendo, ella, mis pasos tras su estela especiada. La rubia desapareció, desapareció toda la habitación, menos el camino que marcaba sus aromas, y la luz del baño que brillaba señalando el camino. Desaparecieron mis ansias nocturnas y aparecieron las matutinas, rodeadas de vainilla y destellos carmín que punzaban mis sentidos.

Entre tras ella al baño y le señalé el espejo de cuerpo entero junto a la ducha. Se acercó a él y con la uña de su dedo índice arañó los restos de carmín rojo restregados en el espejo.

– Me encanta, señorita, este hotel, pero…

Algo apuñaló mis sentidos oscureciendo la luz blanca del baño y dejando la frase a medias pero entonces ella se acercó más al espejo y con mi reflejo fijo en sus retinas, lamió su uña manchada de carmín rojo.

– Dígame, señor Irles – susurró mientras acercaba su mano a mi pecho – ¿cuál es el problema?

 

(continuará)

A. Irles

 

 

Imagen de Apollonia Saintclair.