No abra (Dr. Ibañez, capítulo III)

Tercera parte de las desventuras del Dr. Ibañez  https://otraresacamas.com/category/mini-series/desventuras-del-dr-ibanez/

tumblr_mr0jhtnR4s1r1z303o1_500

– Hola Dr. Ibañez – era, la esposa del decano, que apareció de repente, al girar el pasillo que iba de la secretaría de la facultad hacia los laboratorios. Ella no solía aparecer mucho por aquí, por la facultad. En realidad Doña Delfina Vicenta no solía aparecer por ningún lado, su edad y su desorbitado tamaño la habían convertido en un ser sedentario, para suerte de todos, honestamente.

– Hola… –  ¿era ella? me costaba reconocerla, el pasillo estaba brumoso, que extraño… estaba cansado –  ¿qué tal, Doña Delfina? Tengo clase en 5 minutos, disculpa que no me pare.

– ¿Clase de qué, Antonio? Mi marido te despidió

– ¿Cómo que Antonio? – ¿qué confianzas se tomaba?  y además, su marido no podía despedirme, él era el decano, pero yo era el Dr. Ibañez… –  ¿Yo despedido? no tiene ni pizca de gracia, el soplaga… , su marido, el decano, no puede quitarme mis clases ¿se ha vuelto loco o qué?.

– No, Antonio, te haces mayor, y ese asunto tuyo con esa niña…

– Delfina! ¿¡Qué dice!? ¿Qué niña?.  Apart, que tengo clase.

– Querrá decir… “¿Me permite pasar, por favor?” ¿no? y, además, de niña nada, me llamo Lucía ¿lo ha olvidado?

¿Lucía? Delfina, que antes oscurecía el pasillo con su traje de chaqueta hecho, suponía yo, con algún tapiz robado del Escorial, se había desvanecido. Unas blancas  piernas de seda, finas y sin fin (¡esa diminuta falda!) , acariciaban el suelo con un zapatillas blancas. ¿Como podía ser ella? Lucía… la chica del bar de Jose… del haragán de Jose. Me estaba haciendo la vida imposible… Pero, ¿que hacía ella en la universidad? No me atrevía a mirar más allá de su ombligo… no me atrevía y no podía, ¿que superchería era esta?

– Antonio… ¿le gusta mi ombligo? ¿No va a mirar más arriba?

– Có… có… mo… que … Anto… ¿qué ha… ha… ces en mi facultad?

– No estamos en tu facultad, ¿lo has olvidado? Estamos en la puerta de tu casa.

¡Era verdad! Estábamos en la puerta de mi casa, hasta llevaba mi pijama, mi batín y mis pantuflas.  Me estaba volviendo loco, esa niña me estaba volviendo loco. Estábamos en la entrada de mi casa, no cabía duda: las escaleras, el pasillo, el ascensor estropeado, el ventanuco embarrado que da al patio. Mi portal, yo y sus piernas  jóvenes… por las que comenzaron a deslizar, hacia abajo, tiradas suavemente por sus manitas impías, unas braguitas blancas…

tumblr_mvwy00UJDz1rck5gjo1_5002– Lu… Lu… – no podía hablar, no podía pronunciar palabra, no podía ni pensar solo veía la prenda caer, resbalar ayudada por los contoneos de sus piernas. Me giré asustado, intentando meter la llave en la cerradura pero esta se cerraba cada vez, unos dientes bloqueaban la cerradura impidiendo que metiera la llave. Note un aliento en el cuello  y un cuerpo caliente que se pegaba a mi espalda.

– Antonio, ¿qué pasa? ¿no encuentras el agujero? – me susurró al oído mientras su mano paseaba por mi brazo hacia mi mano, a la cuál hipnotizó haciendo que la llave cayera al suelo. Apoyó su otra mano sobre la puerta y rotamos los tres: la puerta, ella y yo acabando dentro de mi casa.

Toc. Toc.

– Han … tocado… Lu… cía…

– No abras. Gírate.

No quería girarme, no podía permitir sentir su cuerpo, sentir su aliento sobre mi. No podía mirar sus labios pintados con sangre y su tatuajes diabólicos. Pero me giré, igual que mi mano había soltado la llave, yo me giré. Quedé frente a ella y ví que ardía. El dragón, como la otra vez, había cobrado vida y asomaba tras su hombro, lanzando fuego contra su desprotegido cuerpo que ardía bajo su fina camiseta blanca.

Toc. Toc. Volvían a tocar.

– No abra. Tengo calor, Dr. Ibañez. – me dijo mientras tomaba mis manos y las llevaba a sus hombros – ayúdeme, Dr. Ibañez, ayúdeme -mis manos apagaron el incendio de sus hombros y poco a poco, guiadas por ella, bajaban hacia su pecho y por encima de la camiseta… los rodeó. Mis manos fueron llevadas, inmediatamente después, hacía su ombligo.

– Ayúdeme – susurraban sus labios que clavaban sus palabras en mis ojos y los torturaban con cada sílaba y cada mordisco que se autoinflingía.

Acompañó mi mano derecha, entrelazada con sus dedos, hacía su falda, pasando su ombligo en un suspiro y apretándola contra la tela, justo sobre el foco de su incendio. En un movimiento brusco y eficaz, nos hizo girar a los dos, poniéndose contra la puerta y apretándome contra ella, más y más, frotando mi mano contra ella.

– ¡Ayúdeme, ayúdeme! -gemía dolorida y con la respiración agitada.

Sudaba y yo no conseguía apagar el fuego. Toc. Toc. Apartó su mano de la mía.

– ¡Más! ¡Fuerte! ¡Ayúdame! Lo estás haciendo bien…

Yo no aparté la mano, apreté más fuerte. Me tumbé contra ella para cortar el oxígeno a las llamas y froté con fuerza, con ansía sobre su falda. Toc. Toc. Volvían a tocar, pero ahora no podía abrir, tenía que ayudarla. No podía parar… nos quemaríamos los dos. Toc. Toc.

– ¡Sí! ¡Abre, Antonio, abre! – era un alarido de suplicio… En un instante se apagó su fuego y, fría como un témpano, me cogió de la barbilla, me obligó a mirarla y, sin pestañear, dijo – están tocando a la puerta. ¿No abres?

Toc. Toc. Toc. Me desperté taquicárdico y empapado. Se oían suspiros y golpes: Toc. Toc. Toc ¿la puerta? No, venía de arriba… ¿una cama golpeando la pared? No, no era mi día, definitivamente.

A. I. M.

Imágenes: http://n-i-c-o-t-i-n-e.tumblr.com/post/66307129086  y http://s-k-y-f-a-ll.tumblr.com/post/66335051893

3 comentarios en “No abra (Dr. Ibañez, capítulo III)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s