Lunas de Hiel (1ª parte)

Llegas tarde. Solo le dijo eso antes de quitarle la correa de las manos y meter la nueva pieza hacia dentro, tirando de los grilletes que ataban sus muñecas al casco que ella misma había diseñado. Ahora vete, le dijo al hombre cerrándole la puerta en las narices. La sala se lleno de un silencio solo apagado por el suave rechinar de los grilletes de la presa en el centro de la sala. Las luces fluorescentes del techo titilaban creando extraños reflejos en la sangre reseca del suelo embaldosado y de las paredes acolchadas. En tres de las cuatro paredes, había una puerta. Dos eran  metálicas: la que se acababa de cerrar al salir el mercenario y otra más. Y la otra parecía de madera que se adivinaba blanca tras las manchas mórbidas que la cubrían. Ella se quedó observando a la chica encadenada. Como siempre llevaba un casco que le cortaba la respiración y le impedía morder. Esta vez la pieza parecía más purulenta que las anteriores pero aun conservaba el típico bamboleo somnoliento de su cuerpo; un baile hipnótico y sedado. Llevaba un vestido rosa corto, extrañamente limpio y cuidado. Acarició sin tocarlo, uno de sus hombros desnudos y rugosos. Debiste ser muy bonita, luces tan virginal que no hay quien se lo crea, putita, susurró al cadáver todavía viviente. Luego, lo de siempre. El mismo ritual quirúrgico.

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Lanzó el cuerpo podrido de su presa al suelo con un giro de cadera y un pisotón en el grillete adecuado. Aplastó lo que le quedaba de mandíbula contra las baldosas y con un certero movimiento del sable que manejaba en la mano derecha le arrancó la cabeza y la dejó en el suelo, aun dentro del casco, junto a sus hombros descarnados y purulentos.  No sangró apenas, y lo poco que lo hizo fue espeso y alquitranado. Le puso un cojín en forma de cuña bajo el estómago, le levantó el culo y le arrancó las bragas sofocando un gemido al hacerlo y llevándose dos dedos del pie de la criatura en el proceso. Se quedó detrás, con los brazos en jarras, mirando a su pieza mover las extremidades luchando inútilmente y sin convicción contra las argollas. La cabeza guillotinada había rodado hasta quedarse mirando a su ejecutora. Abría y cerraba los labios y movía los ojos dubitativamente: de las cadenas al sable y del sable a la cara de su ejecutora. Entonces ella se dio la vuelta hacia una puerta metálica y tan oxidada como las baldosas ensangrentadas y cruzó a otra estancia abandonando a la joven muerta viviente en la sala.

(continuará…)

A. Irles

 

Picture of Little Thunder: https://www.flickr.com/photos/thunderlittle/

3 comentarios en “Lunas de Hiel (1ª parte)

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