Hokusai, el arte erótico Shunga y la chica sin nombre

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La Gran Ola Kanagawa (Katsushika Hokusai, etre 1830 y 33)

Fue en Hamburgo, hace varias vidas. Puede que hasta fuera verano durante todo el día y fue en el MKG, el Museum für Kunst und Gewerbe Hamburg. Recuerdo que con el malhumor encendido, observaba las láminas de Hokusai en las que retrataba una obsesión con el Fuji. Las escudriñaba una a una, de la última a la primera, mientras hablaba al cuello de mi camiseta y blasfemaba contra la infernal lógica del museo: antes de esta exposición (Hokusai y Manga) tenías que pasar por una galería de arte renacentista, una (más lamentable aun que la renacentista) de arte islámica y una de art nouveau. Pero lo mejor de todo era el hilo conductor, la conexión entre todas esas galerías: una exposición de zapatillas de deportes en el atrio central. No hablo de las sillas medio oxidadas y rajadas de Le Corbusier en el pasillo ni la sala patrocinada por el banco no se cuál.

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Rojo Burdeos (cuarta parte y final)

continuación de Rojo Burdeos: tercera, segunda y primera parte:

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– ¿Hablas español? – pregunté sin soltar mi miembro.

Sonrió y alargó su mano hacia la mía. Sus dedos rozaron los míos y, tras unos segundos de breve lucha entre ellos, se apoderaron de mi capullo. Me sonrió, sin separar los labios, y me empujó hasta que mi espalda se encontró con el portón. Entonces entreabrió sus labios, se relamió y se agachó despacio hasta quedarse frente a mi polla. Sacó la lengua y le dio un pequeño lametazo. Apenas me la tocó pero me hizo temblar.

– Mmmm, estás goteando- susurró. Continúa leyendo Rojo Burdeos (cuarta parte y final)

Mi fantasía, su fantasía, ¿nuestra fantasía?

¿Os acordáis de la última colaboración del mi blog? Pues os animo la memoria, aprovechando esta Semana Santa de pasión y religiosidad: un relato erótico y trasgresor (que bien queda esa palabra, ¿eh?, queda intelectual, progre y molona que te cagas) de Contessa Pandora. El relato nació de un reto que le lancé: le “presté” cinco (que por qué cinco y no veintisiete, pues no sé, pero conociendo mi subconsciente, sería por la rima fácil, para qué negarlo)  imágenes de mi tumblr (digo prestar, porque yo las había robado todas anteriormente) y le pedí que relatara la historia detrás de una de ellas. La historia que quisiera, la imagen que quisiera. Poco después me devolvió el reto y yo escogí la imagen que veis más abajo… y la historia me encontró a mi.

Os lo aconsejo: pasad por su blog  y leedla con avidez. Y si tenéis la suerte de que la pantalla de vuestro ordenador de trabajo no se vea desde la puerta de vuestro despacho no dejéis de pasar por su tumblr y por el mío (y no, tumblr no es porno-erótico-festivo, es que las demás redes sociales son muy ñoñas)

¿Y tú? ¿Te atreves a participar en mis resacas? Pasa por aquí para más información.

PD: Estáis invitados igualmente aunque no tengáis despacho o trabajo u ordenador…

 

 

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Mi fantasía, su fantasía, ¿nuestra fantasía?

Originalmente publicado en:

https://contessapandora.wordpress.com/2015/03/21/mi-fantasia-su-fantasia-nuestra-fantasia/

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Yo estaba en el sofá negro junto a la cama, con la toalla enrollada en la cintura y el pelo aún húmedo. Contestaba a los comentarios de mi último relato en el blog. Ensimismado en la pantalla de mi móvil apenas la escuché salir del baño y entrar a la habitación.

– Ejem… miauuu – solicitó mi atención.

Me giré y la vi. De pie en medio de la habitación: taconazos negros, piernas levemente separadas y un mono de cuero negro que le cubría desde los tobillos hasta los hombros. El cuero moldeaba su figura y solo dejaba al aire sus pechos, encorsetados por abajo y libres dónde importaba para el juego. Llevaba los labios rojos, sangrientos diría, y los ojos más verdes que nunca, contrastando con el pelo caoba que apenas cubría el nacimiento de su nuca fina y pálida. Mi erección se disparó y tuve que levantarme para aflojarme la toalla que me la aprisionaba. El móvil se me cayó primero y luego fue la toalla que dejó mi polla saltar libre y enhiesta, como un resorte de una caja de bromas. Miré hacia el ventanal totalmente abierto y luego a ella mientras trataba de taparme torpemente. Continúa leyendo Mi fantasía, su fantasía, ¿nuestra fantasía?