El Fantasma de la Navidad 12: aun me duele mientras escribo

Entrada de mi diario de Navidad que he titulado El Fantasma de La Navidad.

 

7 de Enero 2016, Barcelona.

Aun me duele mientras escribo pero pensar en otra cosa me ayuda a disminuir el dolor, la rabia y las ganas de coger una barra de metal e ir a su tienda y reventarle el escaparate. Escribir esta mierda de diario que me revuelve continuamente las tripas y la conciencia, sí, la puta conciencia, me relaja ahora y me suaviza las fantasías que invaden ahora mi mente, esas fantasías en las que llego a su casa con un gato de coche y reviento su puerta, desmiembro a su gato hijodeputa y me la follo por el culo sobre su asquerosa mesa de cocina hasta que ya no pueda llorar más. Aun me duele mientras escribo… pero me alegro de estar escribiendo.

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El Fantasma de la Navidad 11: día de Reyes en la suite del hotel

Entrada de mi diario de Navidad que he titulado El Fantasma de La Navidad.

 

6 de Enero 2016, Barcelona.

Escribo desde la suite de un hotel de lujo de Barcelona. Es una habitación enorme con una cama de dos por dos metros, con sábanas de seda blanca y granate y acabados de madera oscura en el cabecero y en el pie. Tengo un armario vestidor en el mismo cuarto tras un espejo de cuerpo entero (o de tres cuerpos enteros más bien) y una alfombra enorme, también granate o burdeos o algo parecido entre la cama y el despacho desde el que escribo. Tengo otra estancia con una mesa despacho para reuniones y una pequeña barra de bar y tengo otra estancia con dos sillones individuales de piel negra y un sofá de tres piezas rodeando una mesa baja redonda de cristal. Si escribiera desde ahí, vería los restos de coca en la mesa y olería el típico aroma de los aceites y geles lubricantes mezclados con el sudor del vicio de la noche anterior. Si fuera al salón, encontraría más de lo mismo pero con cuerdas, mordazas, un par de arneses y varios trajes de cuero desperdigados por el suelo, mesa y sillas. Todo tirado por ahí y regado en botellas de alcohol vacías y en la peste a alcohol sudado durante toda la noche. Desde donde escribo esta mierda las veo a ellas dos, a las dos putas que pagué para que pasaran conmigo las últimas 24 horas. Dos gemelas morenas, de piel blanca y de artes obscenas entre sus piernas. Pili y Mili o yo qué sé, no pregunté sus nombres y no me los dijeron tampoco. Bueno, sí que me los dijeron pero… ¿qué me importa a mi? ¿o qué les importará a ellas que no lo sepa? Pili es la que tiene un tatuaje de un ancla en el tobillo y es más guapa, más jovial y con un aire más puro e inocente. Mili tiene esa mirada de zorra que no se entrena, que se tiene o no se tiene, esa mirada que es prueba constante de lo bien que la come, pues Mili es mucho mejor que Pili en eso, come pollas, culos, coños, como uno imagina que lo haría una puta sirena. Por lo demás, son dos ángeles del sexo y de la diversión. Continúa leyendo El Fantasma de la Navidad 11: día de Reyes en la suite del hotel

El Fantasma de la Navidad 10: Feliz Año Nuevo… los cojones

Entrada de mi diario de Navidad que he titulado El Fantasma de La Navidad.

 

3 de Enero 2016, Barcelona.

 

Cada día llevo peor esto de escribir al día esta mierda de diario. Ni siquiera recuerdo por qué lo escribo, para qué y, tan solo vagamente, recuerdo el cómo… resacoso, jodido y mareado. Muy jodido y muy mareado, mareado de mí mismo y de todo chisporrotea a mi alrededor cómo fuegos artificiales, unos llenos de pólvora de colores, confetis  y unicornios rosas y otros llenos de mierda y vómito de vagabundo alcohólico… o mio, yo qué sé.

He estado vagueando en el sofá desde el viernes. Ese mismo día, el primero del 2016, me desperté por la tarde en el salón de Silvia y Alberto con la camisa totalmente desabrochada, los pantalones por los tobillos, sin calcetines y una corbata (no era mía pues yo no llevaba) atada en un muslo a modo de liguero. En el otro llevaba un liguero de verdad, uno rojo. Obviamente, después de una resaca así… estaba totalmente empalmado.

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¿Quieres saber cómo continúa? Visita el “Vacío” https://otraresacamas.com/2016/06/18/vacio/

 

A. Irles

Imagen de Milo Manara

 

Llamada al ego del escritor

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” Entonces él, con un confiado movimiento, sacó la libreta gafapastil del bolsillo de su americana y comenzó a leer bajo la mirada atenta y de deseo mal disimulado de todas y cada una de las cientos de ninfas impías que habían acudido a la cita codiciando llegar a absorber cada gota del líquido sagrado contenido en los esponjosos e hinchados testículos del escritor.

– Hola – leyó él.

Y ellas parecieron estremecerse al unísono entre orgasmos por venir y susurros sibilinos. Se removían en sus sillas. Los abanicos caían al suelo inútiles ante la ola de calor que impregnaba la sala. Los pares muslos se apretaban y contraían atrapando las humedades que, inevitablemente, resbalaban por la piel hacia los tacones que marcaban el final de tantas piernas.

El siguió leyendo bajo la mirada de los cientos de manos que le desnudaban en el futuro por llegar.

– Estoy leyendo lo que escribí ayer – continuó leyendo mientras los primeros gemidos y susspiros eran atrapados por los mordiscos suaves y sediciosos que ellas mismas propinaban a sus labios enrojecidos. El deseo de los cientos de ojos hambrientos danzaba como el eco, observando las letras que salían del papel tras atravesar la garganta desvergonzada de él.

– Ahora te toca a tí. – leyó señalando con el dedo a una de las ninfas, a la más pelirroja de ellas, a la de ojos más verdes y grises, a de de la piel más cercana – Di mi nombre y llena la sala del sonido de tu orgasmo. Y tú. Y tú también. – señalaba por doquier y ellas, hipnotizadas  por sus ansias, se levantaban y caminaban hacia él adelantándose entre ellas el placer que iban a devolverle a él.”

 

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